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La educación gratuita alcanza al 97% de estudiantes de educación superior pública en Colombia, transformando sueños como el de Siney Torres Villafañe
Actualizado: 05 de septiembre de 2025
Más de 900 mil jóvenes en Colombia se benefician de la política de gratuidad “Puedo Estudiar”. Uno de esos rostros es el de Siney Torres Villafañe, una joven estudiante del pueblo Gunmaku, en la Sierra Nevada de Santa Marta que gracias a esta iniciativa, está forjando su camino para unir el saber ancestral con el conocimiento occidental.
Santa Marta, 5 de septiembre de 2025. En la Sierra Nevada de Santa Marta, donde el aire puro y la sabiduría ancestral marcan el ritmo de la vida, hay una historia que hoy se escribe en los salones de la Universidad del Magdalena. Su protagonista es Siney Torres Villafañe, una joven arhuaca del pueblo Gunmaku que se ha convertido en uno de los símbolos de la política de gratuidad en la educación superior del gobierno nacional, un motor de cambio que hoy beneficia a más de 900.000 estudiantes en todo el país.
Siney, la primera de nueve hermanos en acceder a la educación superior, ha recorrido un camino de dedicación y perseverancia. Su historia comenzó con una promesa a su comunidad: no olvidar sus raíces mientras construía su futuro. Ahora, en su tercer semestre de Enfermería, se prepara para ser un puente entre dos mundos, uniendo la ciencia y la medicina con las tradiciones milenarias de su pueblo.
El acceso a la universidad, que antes parecía un privilegio, hoy es una realidad tangible. "Gracias al Presidente Gustavo Petro y al Ministro Daniel Rojas por la oportunidad de estudiar sin pagar absolutamente nada", comenta Siney, con la profunda gratitud de quien ve su sueño hacerse realidad. La política de gratuidad, que ha alcanzado al 97% de los estudiantes en instituciones públicas, ha eliminado una barrera económica que históricamente limitaba las aspiraciones de jóvenes como ella.
Pero para Siney, la educación es más que un título o una profesión. Es una herramienta de empoderamiento. "Yo, como mujer, quería estudiar para poder ser una voz para las mujeres de mi comunidad, para defender sus derechos", explica evidenciando que su formación es una vocación de servicio que trasciende lo individual. Su aprendizaje es un acto colectivo, pues cada conocimiento que adquiere es para su comunidad, para fortalecer sus saberes propios a través de la medicina occidental y garantizar un futuro digno y sostenible.
El camino de Siney es el vivo ejemplo de cómo la educación, entendida como un derecho y no como un negocio, puede transformar la vida de las personas y de los territorios. Su historia no solo inspira, sino que demuestra que el mayor acto de justicia social es garantizar un futuro para las y los jóvenes de Colombia, la única vía para construir el país que todas y todos queremos.
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