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Ministra de Educación llama a fortalecer la acreditación de la educación superior en Colombia con rigor, transparencia y resultados

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Actualizado: 22 de octubre de 2026

En la conmemoración de los 30 años del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), la ministra Ilva Myriam Hoyos Castañeda llamó a consolidar un sistema que respete la autonomía universitaria, exija responsabilidad y demuestre mejoras concretas en la formación de los estudiantes.

• La ministra subrayó que la transparencia y la imparcialidad deben comprometer tanto a las instituciones de educación superior como a los organismos responsables de evaluar y reconocer su calidad.

Bogotá, D. C., 22 de octubre de 2026. La acreditación de alta calidad debe traducirse en mejores experiencias formativas, resultados de aprendizaje y aportes concretos al desarrollo del país. Este fue uno de los principales mensajes de la ministra de Educación Nacional, Ilva Myriam Hoyos Castañeda, durante la conmemoración de los 30 años del Consejo Nacional de Acreditación (CNA), realizada en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

En su intervención, la ministra, en representación del Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, planteó cinco retos para el futuro del Sistema Nacional de Acreditación y destacó que la calidad no puede medirse únicamente por el número de instituciones acreditadas, los programas reconocidos o los procedimientos cumplidos. El propósito es que, la evaluación contribuya efectivamente a mejorar la educación, fortalecer la confianza pública y responder a las necesidades de los estudiantes y de la sociedad.

"La acreditación debe ser, ante todo, un instrumento para mejorar la educación y no un fin en sí mismo", afirmó.

Cinco retos para los próximos 30 años del CNA

Ante las transformaciones tecnológicas, la inteligencia artificial, las nuevas formas de trabajo y las brechas territoriales, la ministra propuso cinco desafíos para fortalecer la pertinencia, el rigor y la responsabilidad del sistema de acreditación:

1. Fortalecer la dimensión ética de la educación superior. Promover instituciones comprometidas con la formación humana, el desarrollo del conocimiento y el bienestar de la sociedad.

2. Priorizar los resultados de aprendizaje y la formación integral. Evaluar qué aprenden los estudiantes, cómo desarrollan el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas, y de qué manera incorporan criterios éticos en sus decisiones.

3. Reconocer la diversidad territorial e institucional. Aplicar criterios pertinentes, rigurosos y transparentes que valoren las particularidades de cada institución, sin convertir su ubicación, naturaleza o tamaño en barreras para reconocer sus logros.

4. ⁠Profundizar la autorregulación y el mejoramiento continuo. Consolidar una cultura de calidad que forme parte de la vida cotidiana de las instituciones y no dependa exclusivamente de las visitas externas de evaluación.

5. Fortalecer la articulación del sistema de educación superior. Mejorar la complementariedad entre instituciones, facilitar las transiciones entre niveles educativos y fortalecer los canales de comunicación y la eficiencia del sistema.

Estos desafíos apuntan a un sistema que mantenga altos estándares de calidad, reconozca las distintas misiones institucionales y contribuya al desarrollo educativo de las regiones.

Transparencia y responsabilidad también para quienes evalúan

Uno de los planteamientos centrales de la ministra estuvo dirigido al propio Sistema Nacional de Acreditación. La exigencia de calidad, transparencia y mejoramiento continuo debe comprometer tanto a las instituciones evaluadas como a los organismos que reconocen sus logros.

"Si esperamos que las instituciones se autoevalúen, debemos estar dispuestos a evaluar también los mecanismos mediante los cuales las evaluamos", señaló Hoyos Castañeda.

La ministra insistió en la importancia de revisar los modelos de evaluación, garantizar la imparcialidad de las decisiones y mantener criterios consistentes. La legitimidad del sistema depende de su rigor técnico, pero también de la confianza que generan sus procedimientos y de su capacidad para demostrar que contribuye efectivamente al bien público.

En este marco, defendió la autonomía universitaria como una condición para el pensamiento, la investigación, la libertad académica y la construcción de proyectos educativos propios. Sin embargo, precisó que la autonomía debe ejercerse con responsabilidad y rendición de cuentas ante la sociedad.

La evaluación externa, por tanto, debe fortalecer las capacidades institucionales de autoevaluación y mejoramiento, sin sustituir las decisiones de las comunidades académicas ni imponer modelos uniformes. La exigencia de calidad debe sustentarse en evidencias significativas, resultados verificables y procesos que se traduzcan en mejores decisiones educativas.

La calidad educativa debe tener a la persona en el centro

La ministra también llamó a evitar que la excelencia académica se reduzca a indicadores de productividad, empleabilidad, eficiencia o posicionamiento institucional. Aunque estos aspectos aportan información relevante, no agotan el valor de la educación superior.

La formación debe contribuir al desarrollo de personas capaces de pensar críticamente, discernir, actuar con responsabilidad ética, convivir con los demás y afrontar los desafíos de la era digital. Esto supone reconocer tanto los conocimientos adquiridos como las capacidades humanas que se desarrollan en la experiencia universitaria.

Desde esta perspectiva, la acreditación representa un reconocimiento de los logros institucionales y, al mismo tiempo, un compromiso con los estudiantes, las familias y la sociedad. La confianza que recibe una institución debe corresponderse con su capacidad de sostener y mejorar la calidad de su proyecto educativo.

Treinta años de construcción de confianza

El Consejo Nacional de Acreditación cumple tres décadas de trayectoria en la promoción de la autoevaluación, el mejoramiento continuo y el reconocimiento de la alta calidad en las instituciones de educación superior colombianas.

Creado en el marco de la Ley 30 de 1992, el Sistema Nacional de Acreditación ha contribuido a consolidar criterios compartidos de evaluación y una cultura de calidad en la educación superior.

La ministra reconoció el trabajo de los consejeros y de las comunidades académicas que han contribuido a este proceso, así como el reconocimiento internacional del modelo de evaluación por pares.

En nombre del Gobierno nacional, la ministra reiteró el reconocimiento a los integrantes del Consejo Nacional de Acreditación y a las comunidades académicas que han contribuido a fortalecer la educación superior en Colombia.

De cara a los próximos treinta años, recordó que el desafío es consolidar un sistema que articule calidad, autonomía y responsabilidad, y que demuestre su aporte a la formación de cada estudiante, al desarrollo de las regiones y al progreso del país.

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