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Del Catatumbo a Okinawa: la maestra que convirtió la guerra en una lección de paz
Actualizado: 14 de mayo de 2025
En el corazón del Catatumbo, donde por décadas la violencia ha marcado el día a día, una maestra decidió sembrar esperanza desde las aulas. Marisol Esteban Osorio, licenciada en matemáticas y actual estudiante de doctorado, lidera la transformación educativa en la Escuela Normal Superior de Convención, epicentro de formación de maestros en esta región históricamente golpeada por el conflicto armado.
Convención, Norte de Santander, 11 de mayo de 2025.Nacida en una familia campesina de Cáchira, Marisol llegó a Convención con solo 18 años, motivada por su vocación docente. Lo que empezó como una experiencia laboral se convirtió en un propósito de vida: educar para transformar realidades. "Fueron los niños quienes me enamoraron de esta profesión. Me dieron un sentido profundo de que esta era mi forma de aportar al mundo", recuerda.
Su compromiso se puso a prueba el pasado 17 de febrero, cuando un cruce de disparos entre actores armados y la fuerza pública interrumpió la conmemoración de los 107 años de la institución. La fachada del colegio fue impactada. "Los niños quedaron muy traumados", relata María Ángel Santiago, estudiante de noveno grado. "Es inaceptable que crecer entre noticias de guerra se vuelva normal".
Lejos de rendirse, Marisol reafirmó su convicción: la educación debe ser refugio, memoria y herramienta de paz.
De Okinawa al Catatumbo: aprendizajes para la paz
Gracias a una beca del Ministerio de Educación Nacional, Marisol viajó a Japón y se formó en prácticas educativas para la construcción de paz. Desde Okinawa -región marcada por la guerra, hoy reconocida mundialmente por su cultura pacífica- trajo ideas que ya está aplicando en su escuela.
"Japón me enseñó a aterrizar la educación desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La paz se vive en lo cotidiano, en cómo tratamos al otro, en cómo hablamos y convivimos", afirma.
La educación como resistencia
A su regreso, la maestra promovió prácticas restaurativas, capacitó a otros docentes, y lanzó un concurso de oratoria en el que los estudiantes hablaron abiertamente sobre la violencia que los rodea. "Empezamos a recoger la memoria histórica del Catatumbo desde las voces de los jóvenes", explica.
La música, la danza y el arte también se han convertido en sus aliados pedagógicos. A través del proyecto Embajadores de la Paz del Catatumbo, estudiantes llevarán su mensaje hasta el Congreso de la República, demostrando que desde las escuelas también se construye país.
"Ella es nuestra guía", dice Juan Andrés Delgado, estudiante del programa de formación complementaria. "Nos enseña a vivir en convivencia y a no normalizar la violencia".
Una apuesta del Gobierno por la educación transformadora
La historia de Marisol es parte del impacto de la estrategia del Ministerio de Educación de priorizar a las Escuelas Normales Superiores en municipios PDET, impulsando procesos de formación internacional y fortalecimiento pedagógico en regiones vulnerables.
Mientras los disparos aún resuenan en algunos rincones del Catatumbo, en las aulas de la ENS de Convención florecen ideas de paz. Cada conflicto resuelto mediante el diálogo, cada presentación artística que canaliza el dolor, confirma que la educación es, hoy más que nunca, el camino más seguro hacia la reconciliación.
"Si Okinawa pudo ser un ejemplo para el mundo después de vivir el horror, nosotros también podemos hacerlo. Los buenos somos más", concluye Marisol, con la mirada puesta en un Catatumbo donde la esperanza ya empezó a echar raíces.
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