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Enseñar para la vida

Sólo el trabajo decidido y protagónico de los maestros ayudará a que las intenciones de las políticas trazadas se vuelvan un hecho efectivo. No se pueden transformar las prácticas educativas y garantizar con ello que los niños sepan lo que deben saber, sin la consolidación de las instituciones escolares y sin la activa presencia de los maestros.

¿Por qué el énfasis en el maestro? No podemos desconocer que a lo largo de la historia de la pedagogía, él (ella) ha sido el sujeto que ha llevado a la práctica grandes premisas pedagógicas. Siempre ha jugado un papel esencial. Históricamente se ha ganado un lugar en el que ha sido facilitador de la construcción del conocimiento y mediador en la consolidación de relaciones.

En la época actual, cuando nos encontramos frente a las exigencias de la globalización, preocuparse por generar una actitud frente al aprender implica, a su vez, propiciar la estructuración de unas competencias esenciales para desenvolverse en el mundo de la vida práctica. Dichas competencias están referidas al dominio del saber cientifico: saber cómo piensa la ciencia y cómo se pueda crear a partir de ella; a la apropiación de unas competencias laborales, para responder técnica y tecnológicamente a las nuevas exigencias de producción; y a la construcción de unas competencias ciudadanas que nos permitan vivir juntos en medio del respeto y la alteridad. Pero estas no son las únicas acciones que puede realizar un maestro: su presencia sirve de referente para la configuración de identidades. Todos éstos son propósitos esenciales de la política de la Revolución Educativa.

La equidad, como principio rector de la actual política, está orientada a garantizar el acceso a las instituciones de todos los niños y niñas en las diferentes regiones del país. Pero ello no es suficiente. Se necesita, además, generar un mecanismo de retención que garantice la permanencia en el sistema escolar, propiciar experiencias significativas que faciliten mejorar los procesos de aprendizaje y asegurar el dominio de los mismos. Estos propósitos obligan a una gestión institucional eficiente y eficaz, en la que los directivos docentes y los maestros cumplen un papel fundamental.

El maestro y la función social

El lugar que actualmente tiene el maestro le asigna la labor definitiva de formar a las jóvenes generaciones, razón que pone al orden del día la función social de sus acciones. Sabemos que esta responsabilidad social se ha vuelto compleja, por cuanto requiere que se apropie de los conocimientos de un campo disciplinar y sea capaz de enfrentarse a los retos que exige una sociedad como la de hoy.

Cuando se piensa que un maestro es un formador de seres humanos y que muchas veces es el profesional que pasa más tiempo con los niños y jóvenes, se hace evidente la importancia social de su trabajo y las diversas responsabilidades de su profesión. El maestro contemporáneo se enfrenta a retos que le impone su disciplina, y a otros que le demanda la sociedad. Hoy en día, requiere de competencias diferentes para solucionar con creatividad los primeros, y participar así en la solución de los segundos.

El maestro y sus habilidades

Lo dicho hasta ahora se inscribe en unas demandas y exigencias generalizables; sin embargo, resulta necesario señalar un conjunto de acciones, a veces imperceptibles, fundamentales para la dinámica escolar.

Además de conocer su disciplina y los medios para lograr su comprensión y aprendizaje, el maestro necesita saber comunicarse, oír de manera activa y respetuosa las diferentes posturas, incluir y valorar las diferencias, así como despertar curiosidad por el conocimiento, de acuerdo con las etapas de desarrollo de cada estudiante. El maestro identifica sus emociones y las de los estudiantes y las encauza de manera constructiva.

En su práctica cotidiana, el maestro se enfrenta a sus estudiantes y sus expectativas, tan disímiles como el número de aprendices en el aula, y se compromete con las particularidades de cada uno. No sólo el saber de cada estudiante es diverso sino sus modos y fuentes de motivación hacia el aprendizaje. Es importante, entonces, que conozca estas diferencias para procurar el aprendizaje de todos y cada uno. A partir de esas particularidades, los maestros diseñan sus clases y adaptan los materiales de acuerdo con las necesidades y los retos pedagógicos a los que se enfrentan. Todo ello para formar hombres y mujeres con las capacidades y conocimientos necesarios para participar activamente en su sociedad.

Es evidente que el maestro está en la obligación de actualizar sus conocimientos y desarrollar de forma constante habilidades y actitudes que le permitan responder efectivamente a los retos, por medio del desarrollo de lo que sus estudiantes deben saber, saber hacer y ser. Así, la formación en competencias (básicas, ciudadanas y laborales), en sus estudiantes, es a la vez un incentivo para su desarrollo personal. El maestro que ama la ciencia, el placer estético de sus explicaciones y la manera como se confrontan las hipótesis y las ideas para su fortalecimiento o refutación, desarrolla pensamiento científico en sus estudiantes. Pero también, promueve ambientes democráticos el maestro que permite el diálogo de saberes, en el que cada cual participa en la construcción de ellos mediante el reconocimiento de buenos argumentos y con capacidad de autocrítica.

Para los estudiantes, el maestro es un ejemplo de vida, imagen de autoridad y respeto. Es decir, es un referente en la consolidación de su propia identidad. En consecuencia, "debe tener disposición para entender sus estrategias, necesidades, valores y defectos, reflexionar sobre su propia enseñanza y los efectos en los estudiantes, desarrollar una filosofía propia frente a la educación, apreciar la responsabilidad de servir positivamente de modelo para los educandos, aceptar cambios, ambigüedades y desaciertos"1.

Asimismo, los maestros son fuente de inspiración para el desarrollo de valores sociales como la tolerancia, la honestidad, la justicia y la equidad, y motores para evidenciar y proteger el valor social de las diferencias culturales. Además, cuando el estudiante advierte la solidaridad y la cooperación entre los maestros de su institución -inclusive con los de otras instituciones-, se motiva a desarrollar esas prácticas para el logro de sus objetivos académicos.

Integración pedagógica

Cada institución educativa tiene su Proyecto Educativo institucional y en él se hallan los lineamientos pedagógicos, administrativos y comunitarios que sirven de mapa de navegación para todos los maestros. Con los estándares básicos en cada competencia, también se ha definido lo que un estudiante debe saber y saber hacer de acuerdo con el grado al que pertenece. Estos referentes son una guía que enriquece la práctica pedagógica de un maestro, quien está en capacidad de elevar esos niveles propuestos y tiene la creatividad y capacidad de adaptar diversas metodologías a las necesidades pedagógicas. Así, a partir de los resultados alcanzados por cada estudiante en las diferentes pruebas, el maestro contribuye a la definición de estrategias mediante las cuales toda la institución educativa se compromete con el mejoramiento de las competencias de los estudiantes, de manera sistemática y continua.

En este sentido, el maestro tiene la habilidad de usar estrategias basadas en la resolución de problemas que desarrollen la capacidad de análisis y el pensamiento crítico, matemático, científico, así como las capacidades de expresión oral y escrita de los estudiantes. Estratégicamente, "el maestro debe ser capaz de organizar equipos de trabajo orientados al logro de metas y aprendizajes más eficaces y placenteros; de fomentar mejores relaciones entre los estudiantes y entre éstos con los maestros; experimentar nuevos métodos y prácticas diseñadas por ellos mismos"2, a partir de lo que saben y han investigado; mezclar teoría y práctica de manera que el estudiante se sienta seducido por el aprendizaje; debe tener pasión, entrega y compromiso.

Sus conocimientos conceptuales deben estar basados en diversas teorías que le permitan jugar e intercambiar varios métodos y experiencias. Además, el maestro debe tener conocimientos acerca de "aspectos cognitivos, morales y de desarrollo psicológico, que le ayudarán a determinar los estilos y modelos de aprendizaje de los estudiantes"3. En este sentido, el maestro de la época actual debe estar en capacidad de hacer uso de los diferentes medios y tecnologías de información y comunicación con los que el niño interactúa a diario. Estos recursos hacen más atractiva y didáctica su clase y le permiten desarrollar y crear nuevos métodos y pedagogías acordes con las dinámicas del mundo contemporáneo.

Así, las prácticas pedagógicas, el diseño curricular, los objetivos institucionales, las necesidades de aprendizaje individual y colectivo deben estar acompasados entre sí, con el fin de lograr la eficacia escolar esperada. En consecuencia, la evaluación es una actividad fundamental del saber hacer del maestro, pues sólo a través de la aplicación de pruebas a sus estudiantes y un proceso de autoevaluación continuo, el maestro tiene la información necesaria para mejorar su práctica cotidiana. En este sentido, cuenta con "habilidades para monitorear y evaluar los aprendizajes de los estudiantes a través de varios métodos, valorar su propia conducta en relación con los cambios en desarrollo y modificar sus objetivos y planes de aprendizaje, de acuerdo con los resultados de la evaluación" 4.

Mejorar la formación docente

Este conjunto de dominios, conocimientos y habilidades que acompañan la labor de un maestro requiere un esfuerzo enorme por parte del Gobierno Nacional y Regional con el fin de asegurar las condiciones óptimas para su buen desempeño. En este sentido, la Revolución Educativa ha diseñado un programa de formación docente con tres líneas de trabajo.

En primer lugar, junto con las Cajas de Compensación Familiar se viene desarrollando un proceso para su crecimiento personal, autoestima y liderazgo. En segundo lugar, el programa se orienta a la formación inicial de maestros, a través del fortalecimiento de los procesos educativos en las Escuelas Normales Superiores y las Facultades de Educación de las universidades. Se han acreditado 138 Normales y se están diseñando los lineamientos de política para poder alcanzar una acreditación de alta calidad. Por último, el programa pretende consolidar el desarrollo profesional de los docentes en servicio: el fortalecimiento de la gestión directiva; la recopilación y publicación, en el Portal Colombia Aprende, de las experiencias más significativas; el desarrollo de proyectos específicos para enriquecer los conocimientos disciplinares y satisfacer las exigencias didácticas; el acercamiento de los docentes a los medios educativos como las nuevas tecnologías, la televisión y las bibliotecas públicas; la formación de los maestros en una segunda lengua, mediante un proceso sistemático y secuencial del inglés; y, por último, el mejoramiento de sus competencias para la aplicación de modelos flexibles y sostenibles en las poblaciones más vulnerables del país.

Construir país

Formar personas que participen activamente en la construcción de la sociedad colombiana es una meta que precisa de conocimientos, competencias y valores específicos. Se trata de "entender la organización social y las maneras en que ésta afecta a los sujetos sociales y cómo las personas influyen en dicha organización; este conocimiento les permitirá trabajar con las poblaciones más vulnerables y entender las causas y las consecuencias de su acontecer. Asimismo, el maestro debe conocer las culturas del mundo y tener la capacidad de examinar los temas, las tendencias y las proyecciones de cada una de ellas y la forma en que se relacionan unas con otras"5.

Desde las diferentes disciplinas, en las áreas obligatorias y optativas y por medio de los proyectos educativos, los maestros contribuyen al conocimiento de la realidad presente y pasada. Al situar a los estudiantes en esta realidad, aportan a la posibilidad de crear proyectos de vida política e individual, que dan capacidad de desempeño, esperanza y sentido de futuro a las nuevas generaciones. Por medio del desarrollo de competencias, contribuyen a la construcción de tejido social, al fomentar lo que los estudiantes son, saben y saben hacer para participar activamente y de forma constructiva en la sociedad, siempre propendiendo por el bien común. Los maestros hacen productiva la escuela, ante todo participando en los procesos de mejoramiento de la calidad de la educación y, específicamente, en el aprendizaje de niñas, niños y jóvenes.

Notas

1 Darling-Hammond, Wise and Kline. A license to teach - Raising standards for teaching. San Francisco: Jossey-Bass Publishers, 1999.

2 National Board for Professional Teaching Standards. Middle Childhood/Generalist Standards, Arlington, Second Edition, 2001

3 Ibid: Darling-Hammond, Wise and Kline.

4 Ibid: Darling-Hammond, Wise and Kline.

5 Ibid: Darling-Hammond, Wise and Kline, pp. 175

Enseñar para la vida
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Altablero No. 34, ABRIL-MAYO 2005
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