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Reggio Emilia: construir con y para los niños

En una entrevista realizada por un medio local, un alcalde de Reggio Emilia explicaba que la experiencia fascista les había enseñado que la gente que se conformaba y obedecía era peligrosa y que, en la construcción de una nueva sociedad, era imperativo guardar, comunicar y mantener la imagen de los niños como personas que pueden pensar y actuar por sí mismas. Loris Malaguzzi, el guía de esta experiencia, decía: "La escuela que construyeron con sus propias manos, debe ser diferente para educar a los niños de diversas maneras -algo que reclamaban especialmente las mujeres-. La ecuación es simple: si los niños tienen verdaderos derechos, entonces deben tener las oportunidades para desarrollar sus inteligencias y poder estar listos para el éxito". Con esto pusieron las bases para la definición acerca de lo que se deseaba para el niño y que continúa presente en cada escuela de Reggio Emilia: una persona con capacidades, potenciales y derechos.

En 1961, Bruno Ciari, colaborador de Loris Malaguzzi, expresó así la misión: "La educación debe liberar la energía y las capacidades de la infancia, así como promover el desarrollo armónico de los niños en todas las áreas: la comunicativa, social, afectiva, y un pensamiento crítico y científico".

Implicaciones de la imagen del niño

Cada uno de nosotros y cada sociedad crean su propia imagen del niño, lo que determina valores, el papel que la sociedad espera del niño y la definición de sus derechos. Esta imagen está ligada a las políticas y prácticas en la educación temprana. Por lo tanto, debemos hacernos algunas preguntas básicas que nos obliguen a reflexionar en la idea fundamental sobre la que nuestro sistema de enseñanza y la sociedad están basados: ¿Quién es el niño? ¿Qué es la infancia? ¿Qué es una "buena" infancia? ¿Cómo aprenden los niños? ¿Cuál es la misión de la institución educativa?

Hay muchas y posibles imágenes del niño, pero hay tres predominantes:

El niño como reproductor de conocimiento, identidad y cultura

En esta versión, la imagen del niño es entendida como una vida que comienza, con y desde la nada, como un envase vacío. Así, la educación temprana es el comienzo de un viaje de realización del estado incompleto que es la niñez, hacia la madurez y a la posición humana completa que es la edad adulta; de un potencial incompleto hacia un recurso humano que es económica y socialmente productivo. El niño necesita ser "llenado" con conocimiento, habilidades y con los valores culturales que están ya determinados, socialmente sancionados y listos para ser administrados. La misión de la institución educativa sería la de llenar estos "envases vacíos" lo más rápido y eficientemente como sea posible.

El niño como un ser inocente

Esta imagen del niño refleja la creencia en su capacidad para la autorregulación que, de manera innata, busca la virtud, la verdad y la belleza. Es una visión utópica de la infancia como la edad dorada que es estropeada por la amenaza constante de la corrupción del mundo circundante. El aprendizaje continúa siendo el proceso de transmisión y reproducción que se realiza en el aislamiento a través de la memorización; sin embargo, lo que se transmite y cuando se transmite es controlado para evitar metódicamente la contaminación. La misión de la institución educativa sería construir una forma de ambiente en la que al niño se le ofrecerá protección, continuidad y seguridad al transmitir la información que se considera apropiada.

El niño como un proceso de la naturaleza

En esta visión, el desarrollo del niño se ve como un proceso innato, determinado biológicamente y que sigue las reglas generales. Considera al niño individualmente, sin mirar el contexto, sigue una sucesión uniforme de etapas biológicas que constituyen un sendero a la completa realización o un proceso en escalera hacia la madurez. Las instituciones educativas son lugares donde este proceso sucede de modo ordenado y en donde el progreso se puede medir para poder hacer los ajustes necesarios.

Estas imágenes personifican un niño como un sujeto aislado y fijo que se puede ver y puede ser tratado por separado de las relaciones y del contexto, como un ser débil, pasivo, incapaz, dependiente y aislado.

La propuesta de Reggio Emilia: El niño como co-constructor de conocimiento, identidad y cultura

El niño es un ser extraordinario, complejo e individual que existe a través de sus relaciones con los otros y siempre dentro de un contexto particular. Surge como co-constructor, desde el comienzo de su vida, de conocimiento, cultura y de su propia identidad; es entendido y reconocido como un miembro activo de la sociedad. En palabras de Loris Malaguzzi, se trata de hacerlo "rico en potencial, fuerte, poderoso y competente".

Carlina Rinaldi, pedagoga de Reggio Emilia, comenta: "Uno de los puntos fundamentales de la filosofía de Reggio es la imagen de un niño que experimenta el mundo, que se siente parte de él desde el momento de nacer, lleno de curiosidad y de ganas de vivir... Un niño que está lleno del deseo y la habilidad de comunicarse desde el inicio de su vida, completamente capaz de crear mapas para la orientación personal, social, cognitiva, afectiva y simbólica. Por todo esto, el niño reacciona en un sistema competente de habilidades, aprendiendo las estrategias y las maneras de organizar las relaciones". No hay, por lo tanto, una niñez natural o universal, ni un niño natural o universal verdaderamente, pero sí existen muchas infancias. Por lo tanto, una buena infancia sería aquella en la que el niño es reconocido y promovido

Aquí, el niño nace con las capacidades para aprender, no necesita preguntar ni tener el permiso adulto para comenzar a aprender. El aprendizaje es una actividad cooperativa y comunicativa, en la cual los niños son agentes activos que construyen el conocimiento, el compromiso y crean significados del mundo, en conjunto con los adultos y, de igual importancia, con otros niños. Una misión de la institución educativa quizás sea la de proporcionar un foro donde niños y adultos se reúnan para construir juntos conocimiento y cultura.

Esta imagen promueve el entendimiento de que el niño tiene una voz propia y es un actor social, que toma parte en la construcción y en la determinación de su vida, pero también en la vida de aquellos que se encuentran a su alrededor y en la sociedad en la que vive.

La pedagogía de la escucha desde Reggio Emilia

La escucha es una idea fundamental de estos centros de infantes. Es la base del enfoque e involucra un diálogo democrático con las familias, la ciudad y la cultura.

Para Rinaldi, "deberíamos escuchar a los niños, para que puedan expresar sus temores, pero también para que ellos nos den el valor de encarar los nuestros, por y con ellos; para que su sabiduría nos dé confort, para que sus "por qué" orienten nuestra búsqueda por las razones y nos den la fuerza para encontrar respuestas no violentas, honestas y responsables; el coraje para el futuro y nos ayuden a encontrar una nueva manera de dialogar con ellos y con nosotros mismos".

La capacidad de escuchar y la recíproca expectación es una cualidad importante que permite la comunicación, el diálogo y requiere ser sostenida y entendida. De hecho, esta capacidad abunda en los niños pequeños, que son los mejores oyentes del mundo que les rodea. Escuchan a la vida en todas sus formas y colores. Escuchan a otros,adultos y compañeros-.

La socialización no se enseña a los niños: ellos son seres sociables. Aquí es donde la escuela juega un papel importante; debería ser, antes que todo, "un contexto de escucha múltiple", que involucre a maestros y niños, individualmente y como grupo; escuchar el uno al otro y a sí mismos. Este concepto de un contexto de escucha múltiple derriba la relación tradicional de aprendizaje-enseñanza. El enfoque cambia el aprendizaje: el autoaprendizaje de los niños y el logrado por un grupo de niños y adultos juntos.

La escucha y la documentación

La tarea de los educadores no sólo es permitir que las diferencias puedan ser expresadas, sino hacer posible que ellos puedan negociar y nutrirse a través del intercambio y la comparación de ideas. De esta manera, no sólo el niño como individuo aprende cómo aprender, sino que el grupo se vuelve consciente de ser "un lugar de enseñanzas", donde los lenguajes son enriquecidos, multiplicados, refinados y generados pero también donde chocan el uno con el otro y se renuevan.

El maestro que sabe cómo observar, documentar e interpretar estos procesos, se hace consciente de sus potenciales como aprendiz: aprende cómo enseñar. En este caso, la documentación puede ser vista como una escucha visible: asegura el escuchar y ser escuchado por los demás. Esto significa producir huellas -como notas, fotos y videos- para hacer visible los medios a través de los cuales los individuos y el grupo están aprendiendo. Esto asegura que el grupo y cada niño puedan observarse desde un punto de vista externo mientras aprenden (durante y después del proceso).

La documentación incluye las transcripciones de comentarios de los niños y sus debates, las fotos de sus actividades y las representaciones de su pensamiento y aprendizaje al usar diferentes medios. La documentación tiene varias funciones, entre éstas: hacer conscientes a los padres de familia de las experiencias de sus niños; permitir a los maestros entender a los niños mejor y evaluar su propio trabajo, así como promover su crecimiento profesional; facilitar la comunicación y cambio de ideas entre educadores; hacer conscientes a los niños de que su esfuerzo es apreciado y para crear un archivo que traza la historia de la escuela y el placer de aprender por muchos niños y sus maestros.

(*) El presente artículo recoge las miradas de Sausan Burshan, directora general de Ágora, Comunidad Educativa, Mérida, Yucatán, México, y de Carlina Rinaldi, asesora pedagógica de Reggio Children y directora pedagógica de las escuelas municipales de Reggio Emilia, en Italia. La doctora Burshan también es miembro de la Mesa Directiva de NAREA, Alianza Norteamericana de Reggio Emilia; fundadora y miembro de la Mesa Directiva de Red Solare, Asociación Latinoamericana inspirada en la propuesta Educativa de Reggio Emilia. Los derechos son de Agora, Comunidad Educativa, Mérida, Yucatán, México.

Reggio Emilia: construir con y para los niños
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Altablero No. 41, JUNIO-AGOSTO 2007
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