Fecha de publicación:Miércoles, 11 de Julio de 2012
Medio que publica:El Colombiano de Medellín
Sección:Columnas opinión
Género periodístico:Opinión
Autoría:Columnista
Los hijos iletrados. Por: Ana Cristina Restrepo

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Hoy en día, una de las grandes angustias de padres y maestros es la falta de lectura en los niños. Acudimos a fuentes autorizadas, a gurús de la crianza y promotores de lectura para resolver la pregunta aterradora: ¿qué hago para que mi hijo lea?

Quienes estamos a cargo de menores sabemos que un niño con un libro en la mano es un tirano: no le da una segunda oportunidad ni al mal contador de historias ni al mal escritor. Si se aburre, se va.

Y es que olvidamos la manera en que aprendimos cuando niños, cómo solíamos relacionarnos con el mundo, con la naturaleza, con los libros.

Los adultos buscamos en las letras instrucción, conocimiento, diversión, escape. Si hablamos de literatura, vamos a los libros que nos revelen alguna verdad, que nos abran una ventana al pasado o nos hagan imaginar mundos no necesariamente mejores, pero que sí enriquecen o completan el nuestro.

Pero el niño, ¿por qué lee? ¿Cuáles son las narrativas que busca? ¿Cómo hacer significativas las lecturas en un ser con un pasado tan breve? ¿La lectura acusa un exceso de competencia (juegos de video, televisión)?

A partir de la última pregunta podemos redefinir el problema: ¿por qué le ofrecemos al niño la lectura como una obligación y no como un placer? ¿Acaso alguien le ha dicho a su hijo: "veamos televisión, te gustará"? ¡No!, el adulto disfruta su programa favorito? y el niño se siente motivado a seguir su ejemplo.

Y si bien la imitación es una de las formas básicas del aprendizaje, no es un factor definitivo: escritores como el gran Miguel Hernández y la premio Nobel Herta Müller fueron pastores y, aunque no hubo libros en sus casas, hallaron en las letras un bálsamo. (¡El contacto con la naturaleza, maravillosa, que todo lo provee!).

"La literatura es algo que explica tu vida pero que en principio no tiene nada que ver contigo", dice la escritora rumana.

Es inútil inculcarle a un niño la idea de que leer lo hará "más inteligente". Lo que él busca es descubrir y, después, repetir la musicalidad del texto conocido.

No se invita a la lectura con intimidaciones ni falsas promesas. Se puede leer solo porque sí: ¡sin razón! El libro (y más el infantil) es un objeto lindo, que se hace querer antes de ser leído. Por eso no es raro que, en la etapa pre-lectora, los niños abracen los libros y los carguen en su morral? sin reconocer ni una sola letra del texto.

La literatura es como la música, quien las tiene nunca está solo. Formar en la lectura es crear una manera de relacionarse con el mundo a partir de la intimidad, de la imaginación.

Y ¿si mi niño llega a ser un adulto que no lee? No es el fin del mundo. No hay por qué ser tan dogmáticos. Tratar de levantar seres sensibles a quienes les duela la Humanidad es, por lo pronto, un buen paso.

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