Fecha de publicación:Viernes, 01 de Junio de 2012
Medio que publica:El Colombiano de Medellín
Sección:Columnas opinión
Género periodístico:Opinión
Autoría:Columnista
Proteger la Infancia y la Adolescenica. Por: Óscar Henao Mejía

Opinión
Internet

Cada día se hace menos exótica la noticia de menores que son reclutados o asesinados por la guerrilla y los grupos delincuenciales, prácticas reconocidas como delitos de lesa humanidad.

La cruda realidad es que la escuela es ahora territorio de interés y disputa de los grupos armados por razones políticas, económicas, de control territorial, y porque los escolares están por debajo de la edad que implicaría responsabilidad penal.

Aunque se calcula que en Colombia hay entre ocho y catorce mil menores captados por la guerra y el delito, las cifras nunca serán exactas, porque hay formas camufladas para involucrarlos. Unos están directamente comprometidos en la confrontación armada, pero otros llevan la amenaza, transportan armas o drogas, son objeto de abuso o comercio sexual. Algunas organizaciones optan, incluso, porque el menor permanezca en la escuela, y desde allí preste servicios a la banda organizada.

Con el fenómeno devienen luego la deserción escolar, el desplazamiento, la mutilación, la exposición a balas perdidas y la muerte prematura.

En este panorama de urgencia sería fatal entender la escuela sólo como territorio "protector", un oasis dentro del complejo entramado de los conflictos sociales. Más allá de esa función, tiene que ser laboratorio de proyectos de vida que consigan disuadir la incorporación a los grupos delictivos. Su razón está en materializar condiciones para que haya desarrollo pleno de la humanidad de los niños y jóvenes que acompaña en su formación.

Pero, contra esta pretensión, surge una realidad cruda: con un elemental ejercicio de arqueología entenderemos que, desafortunadamente, más que lugar de aprendizaje y formación del ser gregario, la escuela es un requisito social. Quienes nos hemos involucrado en su proyecto debemos hacer rebuscadas piruetas para sacar partido a esta realidad histórica.

Y, como mero requisito, es usual que la escolaridad se desdibuje en prácticas y creencias que le restan credibilidad y llevan al aburrimiento y al malestar.

Esa sensación surge cuando los estudiantes encuentran que no tienen participación en el proyecto educativo, que hay discurso de democracia, pero no condiciones de participación efectiva, autoritarismo, y no autoridad; que el currículo de las clases es vacío y desempatado de sus necesidades, que hay transmisión de teorías, pero no escenas de aprendizaje; cuando perciben a su maestro incoherente, en el lugar equivocado, cuando se sienten vigilados, pero no acompañados; cuando no se les permite el disenso, cuando no hay evaluación concertada, cuando sus modos particulares les acarrean la exclusión.

Entonces, se da la deserción y, con ella, la matrícula en la escuela de la calle, donde son captados por una ruleta de atractivas asignaturas que conducen al fracaso, una de ellas el reclutamiento de grupos armados, que no siempre es "forzado", porque se presenta como una aventura o la única oportunidad.

Consulte la noticia original aquí.

Proteger la Infancia y la Adolescenica,Oscar Henao Mejia,desercion,curriculo