Fecha de publicación:Martes, 14 de Febrero de 2012
Medio que publica:El Colombiano de Medellín
Sección:Judicial / Justicia / Conflicto armado
Género periodístico:Noticia
Autoría:Firmada por el periodista
En Medellín conflicto ha sacado a 12 mil estudiantes del colegio

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Antioquia

El 3,5 por ciento de la población estudiantil de los colegios oficiales de Medellín se está quedando por fuera de las aulas de clase por culpa del conflicto armado interno.

Son más de 12 mil estudiantes, según cifras que la Personería local presentó al Concejo Municipal.

"Se trata de un un drama muy grande, porque esos muchachos que no vuelven a clase, en gran parte, terminan trabajando en las calles o integrándose a los mismos combos", dice la trabajadora social Diana Agudelo , de la Fundación Golondrinas, que trabaja ofreciendo educación por cobertura en varios barrios de Medellín.

La cifra de la Personería, ente defensor de los derechos humanos, corresponde a 2010, pues de 2011 aún no hay números consolidados, aunque la tendencia es más o menos la misma cada año, afirma la institución.

El conflicto armado, según el mismo ente, tiene tres manifestaciones muy concretas: amenazas de muerte, desplazamiento forzado y las llamadas fronteras invisibles. Los estudiantes no pueden ir a sus colegios simplemente porque sus vidas corren peligro al cruzar por ciertas zonas de un barrio.

"En especial son las fronteras invisibles las que están ocasionando el mayor número de deserciones de las instituciones educativas", explicó Marcela María Palacio , personera auxiliar, quien asistió a la sesión del Concejo en reemplazo del titular, Jairo Herrán Vargas.

Se fueron pa'l combo
Yulián y Hader (nombres cambiados por petición de los entrevistados) son dos jóvenes de un barrio del Oriente de la ciudad.

Uno tiene 17 años y apenas llegó hasta grado sexto. Dice que pronto se irá del barrio y tal vez ingrese a otra institución. El otro tiene 16 y terminó quinto, pero no ingresó más a estudiar, y aunque sueña con tener una carrera, no tiene claro si pronto retomará los estudios.

Muy cortos de palabras para relatar su situación, admiten que en su sector los combos han impuesto fronteras que al final se han reflejado en que muchos jóvenes mejor hayan abandonado los estudios por temor a morir.

"Claro que eso nos ha afectado, los que amenazan lo hacen con nombre propio y uno no se va a exponer", comenta uno de ellos.

Dicen que tienen varios amigos que ante las amenazas, mejor "se hicieron", es decir, dejaron de ir al colegio y se unieron a un combo de su sector para sentirse protegidos.

"Ellos dicen que están bien, pero eso es la muerte, es mejor soñar con el estudio y ser un profesional", comenta el menor de estos dos jóvenes.

El problema lo ha sentido en carne propia la Fundación Golondrinas, que en su colegio del barrio Ocho de Marzo vio desertar en el último año a casi 50 estudiantes.

"Es un drama, porque nuestro objetivo es brindar educación y no tenemos a quién, nos toca ir por las calles buscando estudiantes sin colegio", comenta Diana Agudelo , la trabajadora social.

El sicólogo de su institución, Eugenio Henao , advierte que cuando un joven deja el colegio por amenazas se le violan varios derechos: el de la libre movilización y el de la educación y la alimentación, pues el estudio va ligado al restaurante escolar, "y muchos vienen a estudiar es por el almuerzo", señala.

La contradicción
Lo grave de este problema es que ni en las cifras se coincide. El concejal Jesús Aníbal Echeverri , quien citó al debate de ayer, sostiene que son 4.500 estudiantes los afectados en este momento por el problema de la violencia.

Y menciona casos concretos: en el colegio Alcaldía de Medellín, de Belén Rincón, hay 700 estudiantes que no se matricularon este año. En el bario Eduardo Santos, de la comuna 13, son 500 y en cada colegio de la zona nororiental son entre 70 y 80 estudiantes afectados por lo mismo.

La secretaria de Educación, Luz Elena Gaviria , no habla de desescolarización sino de "estudiantes que buscan cupo". Dice que en total son unos 3.000 que requieren cambio de institución educativa.

Señala que es algo normal al inicio de cada año y destaca tres factores específicos para que se dé el fenómeno: "La inseguridad en las calles, temas laborales (los muchachos se salen para trabajar) y los cambios de lugar de residencia".

El drama requiere una solución integral, que no involucra solamente a la instancia educativa, porque la violencia es un problema de la ciudad y son muchas las instituciones que deben actuar para ponerle fin, advierte la funcionaria.

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