Fecha de publicación:Viernes, 25 de Noviembre de 2011
Medio que publica:El Colombiano de Medellín
Sección:Columnas opinión
Género periodístico:Opinión
Autoría:Columnista
De la ingobernabilidad en las universidades públicas. Por Jorge Barrientos Marín

Opinión
Internet
Jorge Barrientos Marín

De la crisis es también culpable un Gobierno con poca voluntad política, unas directivas sin gobernabilidad, el silencio cómplice de los profesores, que en su mayoría tienen su salario asegurado y el poco liderazgo intelectual de aquellos estudiantes que se erigen como redentores.

Uno esperaría que un grupo de estudiantes que se hace llamar Movimiento Estudiantil estuviera realmente estructurado, tuviera algo de coherencia y sentido social, de lo público, y algo de madurez política. Ya que está conformado por estudiantes universitarios, a uno le gustaría que tuviera un plan más académico, y menos ideológico, para adelantar acciones cívicas y proclives al cambio.

Pero es todo lo opuesto. Es un grupúsculo lleno de intereses, con líderes fanfarrones, déspotas y maquiavélicos, arrogantes e imperitos a ultranza en los temas más esenciales.

Pero si la poca coherencia de estos, dizque líderes, me sorprende, más me sorprende e indigna el silencio de los profesores universitarios, quienes avalamos con esa indiferencia los actos indignantes de un movimiento reaccionario y anacrónico. Y el silencio de las directivas de las universidades públicas, que en una actitud francamente pusilánime, les han entregado a unos pocos estudiantes la gobernabilidad de las instituciones.

Su silencio, muy parecido a la incapacidad, sumerge a los profesores y estudiantes que quieren retomar sus actividades tan pronto sea posible, en una incertidumbre que desmoraliza y desalienta el entusiasmo y la ilusión de volver a clase.

El retiro del proyecto de reforma a la Ley 30 no ha resuelto nada. Solo trasladó el problema de la protesta callejera a los claustros y en consecuencia -para el momento cuando escribo esta columna- los estudiantes de 9 universidades públicas siguen en un cese de actividades injustificado.

La única excusa, ilegítima por cierto, es que la MANE vendió el movimiento estudiantil. Y mientras los líderes de la MANE se regodean en su arrogancia y son ensalzados en los medios -capitalizando de paso los actos de unos idiotas útiles- dejan al resto de estudiantes a la deriva, en manos de sus radicales asambleas estudiantiles, las cuales son manejadas por unos pocos profesionales en la protesta, la propaganda y la retórica.

Los estudiantes, incluso aquellos que participaron en las marchas, los padres de familia y la comunidad en general, no entienden por qué no están ya las aulas llenas. En boca de todos está la frase más recurrente: ¡ya no hay excusa señores!

El Gobierno Nacional se desentendió del problema, su objetivo al final de cuentas fue solo amainar la protesta y haciendo gala de un pragmatismo que raya en la negligencia, se cree eso de que los problemas viejos no se resuelven y los nuevos se dejan envejecer.

La crisis de la educación pública universitaria no es solo un asunto financiero o presupuestal, o de una reforma a la Ley 30 -que dicho sea de paso debería ser integral e incluir la secundaria-. De la crisis es también culpable un Gobierno con poca voluntad política, unas directivas sin gobernabilidad, el silencio cómplice de los profesores, quienes en su mayoría tienen su salario asegurado trabaje o no, y el poco liderazgo intelectual de aquellos estudiantes que se erigen como redentores de la causa estudiantil.

La máxima prueba de que la educación universitaria publica está en una crisis sin precedentes de gobernabilidad, intelectual y cultural es que muchos profesores universitarios tienen sus hijos en la universidad privada, lo cual es una muestra de que estos profesores no confían ni en la calidad de la enseñanza y mucho menos en los líderes universitarios, sean colegas, directivos, profesores y, menos aún, estudiantes.

Lastimosamente me gustaría tener argumentos para contradecirlos, pero no es así. De modo que no los culpo.

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