Día del Maestro

Lydia Souza, la provocadora de conocimiento

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Una de las reuniones más trascendentales en los últimos 11 años en la vereda Los Arrayanes, en Pasto, se llevó a cabo a finales de 2016. Los vecinos, sin ser citados, se congregaron informalmente en la escuela ante una noticia que tenía alborotado el poblado: el anuncio de la profesora Lydia Souza Weich de pasar al retiro.

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Una de las reuniones más trascendentales en los últimos 11 años en la vereda Los Arrayanes, en Pasto, se llevó a cabo a finales de 2016. Los vecinos, sin ser citados, se congregaron informalmente en la escuela ante una noticia que tenía alborotado el poblado: el anuncio de la profesora Lydia Souza Weich de pasar al retiro.


"Cómo nos va a dejar la 'profe'. No podemos dejar que eso pase", coincidían los adultos entre sí mientras trataban de calmar a los niños del Centro Educativo Municipal La Caldera, sede bajo Arrayanes -el nombre completo de la escuela-, quienes no entendían, ni querían, que la mujer por la que con gran gusto y pasión asisten a las aulas, fuera a dejarlos.


La profesora Lydia, confiesa hoy, no esperaba que la decisión que fue madurando durante mucho tiempo causara tal revuelo. Después de varios minutos y de escuchar las razones, emotivas unas y pragmáticas otras, de los padres de familia -a lo que se sumó las caritas de desazón de los niños-, esta pastusa de 60 años con ascendencia portuguesa y alemana, decidió devolver sus cosas a la gaveta del escritorio asignado.


La nueva determinación fue sellada, por petición de los niños -que en ese momento tenían ya su acostumbrada sonrisa-, por una promesa de que permanecería con ellos.
"Ver la cara de felicidad de los niños, las ganas que tienen de aprender, el interés de explorar y conocer el mundo, su cultura y entorno es uno de los mejores regalos que puede tener una persona. Eso hace que uno reconsidere muchas cosas y valore mucho más lo que significa ser maestro", dice Lydia.


La 'profe', quien hoy tiene a cargo directamente los grados preescolar, segundo y tercero, pero interactúa con los demás inculcando el amor por la lectura, no solo es querida por los niños. Los adultos también la aprecian, porque, precisamente, fue ella quien les enseñó a ellos el valor de los libros, los sumergió en el mundo de las letras y como si fuera poco, gestó la biblioteca comunal.

La morada de la palabra
La historia de Lydia Souza Weich en la vereda Los Arrayanes, corregimiento La Caldera, a donde se llega desde Pasto tras recorrer en una hora una carretera de 28 kilómetros destapada y culebrera -que ella hace los cinco días de la semana-, comenzó hace 11 años, tras ganar el concurso docente. Antes, esta licenciada en educación preescolar y promoción de la familia había trabajado en un hogar infantil del ICBF.

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"Siempre quise enseñar, ser profesora. Desde niña esa era mi pasión porque mi abuelita me contaba y me leía historias, me orientaba a través de refranes, proverbios y dichos; yo la veía leer y cómo, con esa dulzura, me enseñaba y me impulsaba a aprender. Entonces yo quiero que todos los niños tengan la oportunidad de contar con una 'Mamá Pachita', como llamábamos a mi abuela", cuenta Lydia.


A los pocos días de empezar a trabajar en la escuela, comenzó a incentivar la lectura en los niños, actividad que no agradaba mucho a los estudiantes.


"La lectura es fundamental en el desarrollo de los niños, no solo de textos, es leer todo el mundo, la comunidad, las personas, en fin, todo lo que los rodea; eso es clave -explica Lydia-. A través de esa posibilidad y la curiosidad de los menores, ellos aprenden a hacer preguntas, a cuestionar las cosas y a ser gestores de su aprendizaje, que es como yo veo la educación".


En cajas comenzó a traer libros infantiles de su casa, esos que sus hijos ya adultos habían releído decenas de veces, al mismo tiempo que el gusto por la lectura crecía en los niños. Además, implementó un espacio diario con ellos en los que hablaban sobre lo que habían leído y cómo podían aplicarlo a la cotidianidad, e invitó al aula a los padres de familia, a leerles a los estudiantes.


A los pocos meses el gusto por las letras no era solo en la escuela sino en toda la vereda Los Arrayanes. "Todos me pedían más libros, los niños y los adultos, y se me ocurrió entonces con los textos que ya me había 'robado' de mi casa y otros que pediría a mis amigos en Pasto, armar una biblioteca comunal. Así empezamos, en una bodega de la escuela de 2,5 por 3 metros, con estantes hechos por los papás con robles y pinos silvestres", recuerda.
Ante la masiva colaboración con libros, la bodega se quedó pequeña, por lo que debieron pensar en construir un nuevo espacio. Entonces, la profesora comenzó, nuevamente, a solicitar a sus amigos apoyo, esta vez con materiales de construcción.


La biblioteca, que ella prefiera llamar "la morada de la palabra", se inauguró hace cerca de tres años. Fue bautizada 'El abecedario de los árboles' y es, sin duda, uno de los lugares más visitados por la comunidad en la vereda, junto con la bodeguita, donde todavía están almacenados unos textos. Hoy, los habitantes de Los Arrayanes cuentan con más de 5.000 libros de todos los géneros.


"Como es tan visitada, y por la forma como fue construida y dotada, es una biblioteca comunal; está abierta para todos así la escuela esté cerrada. Allá van todos a divertirse y a aprender con la palabra sobre diferentes temas, van a abrir sus mentes y a aprovechar toda la capacidad que tienen", manifiesta Lydia, quien además desarrolla en el colegio programas ambientales y de rescate de la cultura e identidad de la zona, como 'Ponte en sus patas' y 'La minga de la palabra, en los que además de los estudiantes, involucra a toda la comunidad.


No hay nada como enseñar, dice Lydia con su voz pausada y la cadencia de los del sur de Colombia.
"Yo lo que siempre he buscado ser es una provocadora del conocimiento, una motivadora y orientadora en ese sentido. Que los niños y los adultos encuentren un espacio cálido para aprender y que se interesen por el conocimiento y la lectura de libros y de lo que los rodea -afirma Lydia- Gracias a Dios he sido correspondida y por ello creo que ser profesora es no solo una gran responsabilidad, sino uno de los mejores regalos que me ha dado Dios; es algo indescriptible: es un pedacito de cielo en la tierra".

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Lydia Souza, la provocadora de conocimiento, dia del maestro, secretaria de educacion de pasto