|
Educación
Internet
Alejandro Gómez Valencia
Catorce horas de clases y cuatro de viaje, en un sólo día, son parte de la cuota de sacrificio para ser profesionales de los universitarios que viven en los pueblos.
Bultos de café y grupos de universitarios viajan todas las madrugadas de los miércoles desde el Suroeste de Antioquia hasta el Valle de Aburrá.
Por la carretera que desde Concordia lleva a Medellín circulan los camiones cargados con café y la moto de Juan David Restrepo Ramírez. La figura menuda que tiene de parrillera es la de Ana Flórez Agudelo, su compañera de trabajo y de sus clases de Derecho en Unisabaneta.
Los dos muchachos -ella tiene 19 y él 23- reservan el día, la tarde y la noche de los miércoles para hacerse profesionales.
Esos días Ana se despierta a las 3:30 de la mañana, hora y media después se despide de su esposo porque en el parque del pueblo la recoge Juan David. Son casi dos horas de viaje para estar en Sabaneta a la clase de las 7:00 a.m.
Desde esa hora empieza la maratón de catorce horas de cátedra seguidas que atienden activamente. Al menos así dice Luisa Cepeda que lo hacen, la joven profesora de Derecho Civil Personas, que los tiene para ella toda la mañana.
La clase es pura energía y una selección de la región del Suroeste porque además de Concordia hay alumnos que se desplazan desde Salgar, Venecia y Ciudad Bolívar.
Firma de abogados
Están en tercer semestre pero hacen todo en grupo, como "primíparos". Hasta tienen planeado crear una firma de abogados en el Suroeste.
En el viaje de ida y vuelta a la U., junto a la moto de Juan David, está el carro de la notaria de Concordia que transporta a cuatro compañeros.
"Hacen vaca" para pagar la gasolina y el menú del fiambre que traen desde el pueblo y comparten con los compañeros y profesores de Unisabaneta.
Para estudiar hacen lo mismo. Tienen definido un grupo que estudia los fines de semana y el que lo hace otros días porque su único descanso es los miércoles.
Y es que la posibilidad de estudiar entre semana era la perfecta para gente como Gladys Bedoya que no descansa los fines de semana, ya que la dinámica de los pueblos hace que esos días tenga que atender público.
En el grupo de los diez universitarios que estudia los miércoles hay funcionarios de la inspección, la alcaldía, acción social, contadores y trabajadores independientes.
Ana Flórez, por ejemplo, de lo que gana trabajando con proyectos de Acción Social, saca las cuotas de 200.00 para pagar el crédito que hace cada semestre para pagar los 1.100.000 que le cuesta la matrícula.
Las cuotas serían el doble si no tuviera la beca del 50 por ciento que le dio Ernesto Garcés, el dueño de Unisabaneta. El beneficio lo tienen todos sus compañeros del pueblo, quienes cuando se les pregunta cómo pagan la U responden con agradecimientos para su benefactor.
Cuando a Ana le ofrecieron el beneficio no dudó en tomarlo porque en sus planes estaba hacerse directamente profesional y no hacer una tecnología como la que empezará su hermana cuando el Tecnológico de Antioquia la abra en el pueblo.
El objetivo de ser profesional, dice, es el motivo para no tener ni un hijo en sus cinco años de casada. "Primero la profesión y luego la maestría". Además del apoyo de Ernesto Garcés tiene el de su esposo que le colabora con las cuotas, los pasajes y la alimentación de los miércoles.
En una jornada de un día los 18 estudiantes que vienen de pueblos a Unisabaneta invierten alrededor de 60.000 pesos. El viaje de ida y vuelta les vale 30.000 y el resto lo completan fotocopias, el desayuno, el almuerzo y la comida, porque la hora de retorno es cerca de la media noche.
Claro que ni el esfuerzo del crédito, la madrugada de ese día, la extensa jornada de clases o los 60.000 pesos han derretido las ganas de Ana. Hace dos meses, sin embargo, faltó a clases.
A la altura de Amagá, Juan David se topó con un reguero de aceite y arenilla en la vía que le hizo perder el control de la moto.
Se raspó los codos, las rodillas, se le rasgó la ropa pero siguió hasta Unisabaneta donde lo atendieron y compraron prendas nuevas para que pasara el día.
Ana no pudo con el susto y se devolvió al pueblo en una buseta. Desde entonces se encoge de nervios en cada curva, pero se los aguanta porque los miércoles son sagrados para estudiar.
El miércoles bajan del pueblo a la U, |