Fecha de publicación: Jueves, 05 de Agosto de 2010
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Nación / Nacional
Genero periodístico: Perfil
Autoría: Firmada por el periodista
Ocho años al lado del Presidente

Colombia
Internet
Diana Carolina Jiménez, Alejandro Gómez Valencia

Los Ministros de Educación y de Transporte, Cecilia María Vélez y Andrés Uriel Gallego, respectivamente, son los únicos jefes de cartera del gabinete del presidente Uribe que estuvieron durante los 8 años de su mandato. También es su turno de decir adiós.

Son dos los ministros que estuvieron en el gabinete del presidente Álvaro Uribe los ocho años de su mandato: Educación, Cecilia María Vélez White, y Transporte, Andrés Uriel Gallego Henao.

Ambos antioqueños, enamorados del trabajo público, llegaron a sus respectivas carteras el 7 de agosto de 2002 y han sobrevivido a conmociones, "varillazos", consejos comunales y críticas de la oposición.

Una vez terminada su labor en el Gobierno de Uribe, Cecilia María Vélez viajará a Estados Unidos para dar clases en Harvard.

Gallego, por su parte, no ha dicho de manera oficial a qué se dedicará pero las actividades le sobran. Su pasión por los caballos y su devoción a Dios, además de la docencia, lo esperan junto con su familia en Marinilla. El Ministro también se ocuparía de algunas dolencias físicas que ha ignorado por "trabajar, trabajar y trabajar".

Cecilia María Vélez, la herencia de la educación

De los Vélez White que viajaban en el Chevrolet modelo 50 se llevaron a la mitad. Sobreviven Mercedes y Cecilia María, quien tiene en el cuaderno de los gratos recuerdos los viajes de vacaciones que su familia hacía desde Medellín hasta Frontino.

Su memoria tiene voz y hoy todavía tararea La Casita, una de esas canciones que su mamá, doña Gabriela, les enseñaba a sus hijos para que no se marearan en las siete horas de viaje. Las melodías nunca se apagaron y ahora, cuando se desviste del carácter recio de Ministra de Educación, es capaz de animar una reunión social tocando guitarra y cantando con voz ronca clásicas canciones antioqueñas.

Cecilia María reconoce que es dura con la gente y por eso a los funcionarios a los que su asesor, Jesús Mejía, le ha visto reclamarles con mucha energía resultados, se sorprenderían al verla ser el centro de atención de una fiesta haciendo reír con su humor negro.

Claro que para fiestas no hay mucho tiempo. Jorge Orlando Melo, su amigo desde los 80, la ve como obsesionada por el empleo, que luego de cuatro horas de sueño abre los ojos y de inmediato empieza a hablar de trabajo.

Por esa obsesión es que no se ven todos los días, como ocurría en la década del 90 cuando ella trabajaba en Planeación Nacional en Bogotá.

A la capital llegó en 1977 para graduarse. La Universidad de Antioquia no salía de un paro largo y quería el título que finalmente le dieron en la Tadeo, luego de que le reconocieran las materias.

El primer empleo que encontró fue el de secretaria privada de Miguel Urrutia, entonces ministro de Minas y Energía, cuando ya había madurado esa capacidad de trabajo incesante que le reconocen personajes como Jorge Hernán Cárdenas y que ella heredó de su madre.

Las pocas veces que a Cecilia María le preguntan por doña Gabriela White, menciona las vacaciones a Frontino. Incluso Jorge Orlando Melo nunca le ha escuchado visos de hostilidad en sus análisis sobre hechos del país, y eso que no le sería difícil encontrar motivos.

En el 1948 los Vélez White tuvieron que dejar de vivir en Frontino por el acoso de la violencia en la región. Por eso Cecilia María nació en Medellín y la criaron en una casa cerca a la calle 57, Argentina.

La familia no escapó de la violencia que los persiguió durante muchos años. El 23 de mayo de 1991 un grupo guerrillero secuestró a doña Gabriela y un mes después su cuerpo sin vida fue hallado cerca a su casa, la hacienda Tablaíto de Frontino.

Esa muerte fue muy llorada en el departamento, más en esa localidad, porque la matrona era docente activa en su preocupación de brindar educación y fundó un hogar para estudiantes campesinos.

Ahí no paró el dolor. Seis años después a Félix Antonio Vélez White lo acribilló la guerrilla por la espalda, cuando trataba de escapar de un retén ilegal montado en una carretera de la región. A Bernardo Ernesto, el hermano mayor, el frente 34 de las Farc lo secuestró el 23 de marzo de 2001 en uno de los viajes que hacía para impulsar el cooperativismo en el Occidente del departamento. Sus restos fueron hallados cerca a Cañasgordas.

A esa tragedia poco se refiere Cecilia María. Se centra en lo alegre que vivió en Frontino y su niñez en Medellín, donde también estudió, porque fueron las monjas del Colegio María Auxiliadora con las que recibió sus primeras clases y las que le enseñaron a interpretar la guitarra. Su barrio era el centro y por eso los sectores que más tienen significado para ella son el Parque de Bolívar y la carrera Junín.

Ella era de las que verbalizaba esa carrera y salía con sus amigas a "juniniar". Hoy, en Bogotá, sale muy poco de compras, porque no se siente cómoda yendo a un centro comercial con la escolta.

Esa clase de placeres se los da en el exterior y en los quince días de vacaciones al año para visitar a su hija Paula, una socióloga que vive fuera del país y todavía no le da nietos. La Ministra se conforma con las dos gemelas de su hermana Mercedes y mantiene el lazo familiar con doña Mabel de Sierra, la abuela paterna de su hija y quien sigue siendo su suegra, a pesar de que enviudó hace muchos años.

De las visitas a Paula habrá traído alguno de los modelos que tiene en el ropero con los se le suele ver muy elegante y con estilo, pero aclara que cuenta con varios de diseñadores nacionales.

Reconoce que se esmera por su presencia, pero vuelve al trabajo para decir que el cargo que tiene también es representativo y que aunque tiende a ser muy informal le gusta demostrar el orgullo de ser ministra de Educación.
Ese cargo, que ostenta desde hace ocho años, lo puede dejar con la cara en alto porque desde todos los sectores le reconocen resultados, disciplina y compromiso.

Ella, sin embargo, no habla de ocho años en educación sino de 12, porque se acercó al sector incluso antes de ser secretaria de Educación de Bogotá. Un cargo parecido tuvo su madre porque además de educadora llegó a ser subsecretaria de Educación de Antioquia. Seguirá viajando por los caminos de doña Gabriela, porque a finales de este mes la esperan en Estados Unidos sus alumnos de la Universidad de Harvard, donde dictará cursos por un año.

Andrés Uriel Gallego, el de los cálculos y la fe

Andrés Uriel Gallego, ese marinillo al que América mira hoy como uno de los más experimentados ingenieros en estructuras; el mismo que tuvo durante ocho años el transporte del país en la cabeza y en el corazón, hubiera sido sacerdote si los números no hubieran llegado a su vida para crearle la necesidad, casi enfermiza, de tener que transformarlos en megaobras.

Y es que antes de hacer primaria en la escuela Jorge Ramón Posada de Marinilla, el "peliflechudo", como le decían algunos, sabía multiplicar y dividir. De su habilidad se hablaba en el pueblo, así como del amor a Dios que su madre, Belarmina Henao, con un tío cura y otra tía monja, les infundieron a él y a sus 13 hermanos.

Todos los días de la semana, antes de ir a la escuela, doña Belarmina llevaba a sus hijos a una misa que llamaban La Cruzada. Actividad que disciplinó a Gallego, nacido en 1950, y que lo llevó a ser monaguillo, devoto del Santo Rosario y de rezar las Letanías al anochecer.

No contento con su apretada agenda, a los 9 años de edad, Gallego le sumó al estudio en la escuela, su actividad como citador de la central telefónica. Así fue como cambió los trompos, los corozos, las bolas y la pelota envenenada en la carrera Jiménez con calle Girardot, por las pocas monedas que obtenía anunciando a los vecinos cuando alguien los requería en la central.

Así, entre números, oraciones y mandados se le fue la vida hasta que los teoremas y las fórmulas le ganaron a la vocación sacerdotal y decidió estudiar Ingeniería Civil.

No obstante, Gallego le sumó a su talento con los cálculos matemáticos una vida espiritual que muchos le admiran. Para la muestra, cada Viernes Santo, el todavía Ministro de Transporte viaja a su pueblo natal para, según la costumbre, participar en el vía crucis como carguero del monumento al Santo Sepulcro. Es una cita ineludible.

Gallego se graduó con honores como ingeniero civil de la Universidad Nacional. Allí mismo se hizo profesor, y no cualquiera, el mejor. Así fue calificado por el centro de educación, que tuvo que convertir un auditorio en su aula de clases porque los alumnos no cabían en un salón común.

Siendo Gallego todo un profesional y un concejal de su municipio, le demostró a Álvaro Uribe Vélez, quien apenas comenzaba su campaña política con la firme aspiración de ser Gobernador de Antioquia, que conocía la intrincada topografía antioqueña y que cumplía con los requisitos para servirle con el corazón al departamento.

Por eso, después de la victoria de Uribe, en 1995, Gallego fue designado Secretario de Obras Públicas de Antioquia para, posteriormente, convertirse en el Ministro de Transporte cuando Uribe alcanzó la primera magistratura del país.

"Cuando empezó a trabajar con Álvaro Uribe, Andrés Uriel desapareció como empresario y como persona: se entregó con alma, vida y corazón a la actividad pública. Desde que es Ministro, él no sabe que es dos días seguidos de descanso en 8 años", dice su hermano, William Gallego, a sabiendas de que ese es el estilo de Uribe Vélez y de que su hermano es uno de los hombres que le habla al oído al Presidente.

Su familia y sus amigos sostienen que la obra de Andrés Uriel es majestuosa y monumental para el país, en una de las carteras más difíciles, aburridas y desagradecidas del Gobierno Nacional. El gran defecto, dicen, es el bajo perfil que él mismo ha confesado: "Eso es una condición personal y un defecto para la vida pública", dijo alguna vez Gallego a este diario.

El sábado, con los ocho años de gestión de Álvaro Uribe en la Presidencia de la República, terminan también los de su amigo y fiel escudero; el mismo al que sus hermanos llamaban de niño "ilusiones Gallego" por ser un irremediable soñador que tuvo la fortuna de ver realidad lo que siempre quiso.

Según sus hermanos, él soñaba con tener un caballo campeón y compró más de un potro que quedó jefe de raza. Soñó con tener una finca y lo logró; quiso, alguna vez ser un gran profesor universitario, y fue premiado como tal; y soñó que algún día un marinillo iba a ser ministro y él mismo lo fue.

Ahora, a dos días de terminar labores, mucho es lo que le queda a Gallego por hacer, pues es un hombre de grandes pasiones: el amor por la lectura que le debe a su madre y a las historias del viejo oeste americano; a los caballos, en los que de niño apostaba carreras por los caminos de herradura; la oración, la cátedra, la vida en familia, el Deportivo Independiente Medellín y el trabajo público.

Todas ellas lo esperan en Marinilla a partir del 8 de agosto, fecha en la que, oficialmente, puede darse un respiro, ponerle atención a ciertas afecciones de salud y dedicarse a lo que más le gusta.

Dicen por ahí que le han hecho propuestas de trabajo en el exterior, pero para sus allegados está claro que su compromiso con Colombia, con las regiones, son llamados fuertes a su corazón que lo harán permanecer en su tierra.

Ocho años al lado del Presidente, perfiles ceclia maria velez