Fecha de publicación: Domingo, 27 de Junio de 2010
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Educación / Universidades
Genero periodístico: Crónica
Autoría: Firmada por el periodista
Se graduó María Cecilia: tiene 63 años

Educación
Página: Internet
Autor: Alejandro Gómez Valencia

Huyendo del dolor de la muerte se refugió en la academia, donde encontró la alegría del conocimiento y un título como historiadora que recibió la semana pasada ante un auditorio que la ovacionó de pie. La meta ahora es el inglés y un postgrado.

Era una señora con todos los cabellos blancos la que caminaba a recibir el diploma de historiadora.

Cuando todo el auditorio lo notó se unió en palmas y ovacionó de pie a María Cecilia Correa de Piedrahíta, una concordiana de 63 años, a quien la academia rescató del dolor.

Luego de cinco años de pena en salas de cuidados intensivos, su esposo, Gabriel Piedrahíta Restrepo, murió de cáncer en la garganta. Así, después de 34 años, terminó su matrimonio y María Cecilia empezó a tratar de enredar su dolor y su cabeza en los hilos que tejía en el balcón de su casa en Laureles.

Cuando José Luján, el de los preicfes, la veía tejiendo la regañaba amablemente para que se dedicara a estudiar. Llamados como esos la animaron a buscar refugio en la academia y se matriculó en Saberes de Vida, el programa académico que tiene la Universidad Eafit para los adultos mayores.

Hizo dos diplomados y ante los nuevos llamados de profesores y compañeros se entusiasmó por una profesión. Averiguó en la Universidad de Antioquia y le pidieron el Icfes. Como no lo tenía buscó al señor Luján para que igual que había hecho con sus cinco hijos, le ayudara a ganar las pruebas del Estado.

Le entregaron varios cassettes de un programa y ella, novata en los computadores, pidió asesoría a una de las aseadoras del local. Con solo dos meses de plazo María Cecilia logró cumplir el requisito y presentó el examen de admisión a la U. de A.

En 2003 tenía su carné de estudiante de Historia, la carrera que escogió porque sabía sus limitaciones para los números, la Química y la Física y porque en Saberes de Vida tuvo un acercamiento con esa profesión que la marcó: le pusieron la tarea de conseguir 65 nombres de su ascendencia y ella encontró 58.

En la lista estaba Eugenio González Uribe, colono que recibió baldíos en 1840 en Concordia, el pueblo donde nació María Cecilia, el 14 de julio de 1946, en una familia pobre entre parientes ricos.

Su padre, Manuel Cesario Correa Vélez, carpintero y agricultor, y su madre Felisa Garcés González, tuvieron 21 hijos, varios fallecidos, siendo niños que llevaban a jugar, aprender y rezar a la casa de Rosa Vélez Montoya, la abuela paterna.

El hogar de la abuela Rosa, donde María Cecilia se inició en la poesía, se llenaba de numerosos consanguíneos que llegaban a Concordia en carro, por allá en los 50.

Esas fiestas y el estudio que recibió de las monjas son de los mejores recuerdos que tiene de la niñez en su pueblo. Vivió allí hasta que en cuarto de bachillerato una tía le consiguió cupo en el Cefa.

Llegó a estudiar a Medellín, se graduó como normalista en 1966, conoció a su esposo y tuvo a sus hijos, cuatro de ellos profesionales y uno a punto de recibir el título.

Su paso en la U
El primer día de clase, en un auditorio lleno, un profesor la hizo llorar. Estaba en la primera fila cuando vio que el encargado de la cátedra era un señor que caminaba y hablaba muy parecido a su sarcástico, recio, pero bondadoso esposo.

Lagrimeó toda la clase viendo al recuerdo de Gabriel hablándole cerca, pero al final de la sesión sus compañeras le sacaron sonrisas bromeando con el tema: le dijeron que estaba enamorada y empezaron a llamarla "doña Sexy".

El trato siempre fue de respeto, sus pares y profesores no la discriminaron y le exigían igual que a todos. Algunos sí tenían consideración y la sacaban de la U. cuando empezaban a sonar las papas bomba que le recordaban la vez que una familia de Concordia murió por el estallido de una polvorería.

Terminó todas las materias en cinco años, y dos semestres estuvo becada. El recuerdo del esposo que la recibió en la universidad la acompañó hasta el final, porque su asesor de tesis fue Víctor Álvarez Morales, el mismo docente de aquella primera clase, al que ella se acostumbró.

Le exigió tanto en su proyecto, que los compañeros le decían que se rebelara, que ella ya tenía tres tesis en una, que la dejaran graduar, pero ella estaba "encarretada" con su trabajo.

Recuperó como fuente histórica varios censos del archivo municipal de Concordia, de los que analizó algunos de datos para lanzar varias preguntas a la historia de la salud y la esclavitud.

Por ese trabajo, que requirió la transcripción de cada palabra de los documentos originales, sus hijos le dieron otro título, el de "los dedos más rápidos del oeste" por su destreza en el computador.

Este año, con la aprobación de los jurados, María Cecilia cumplió todos los requisitos y el miércoles pasado, en el Teatro Universitario Camilo Torres de la U. de A. recibió el diploma que la acredita como historiadora.

Sus planes son ir a estudiar inglés a Canadá o a Estados Unidos y regresar a hacer un postgrado. Quiere seguir buscando la felicidad del conocimiento que encontró escapando del dolor de la muerte.

Se graduó María Cecilia: tiene 63 años