Fecha de publicación:Viernes, 26 de Marzo de 2010
Medio que publica:Revista Dinero
Sección:Otra
Género periodístico:Noticia
Autoría:Sin firmar
Usted puede ayudar a controlar el 'matoneo'

Dinero y Usted / Educación
Internet

El número de estudiantes que se considera agredido o intimidado en el colegio aumenta. Se requiere mejorar controles en las aulas y en el hogar.

El 'malo del curso' es un personaje que sobrevive de generación en generación. Ese estudiante que les amarga la vida a los demás, roba loncheras, intimida con golpes o se burla de los indefensos, sigue haciendo de las suyas en los colegios.

Lo grave es que nuestros hijos pueden estar siendo víctimas o victimarios sin que nos percatemos o, peor aún, sin que se le dé la importancia y el manejo que requiere.

Hoy, la situación ha dejado de verse como algo anecdótico y es analizada desde la psicología infantil con el nombre de 'matoneo' o bullying, en inglés.

Lucía Vargas de Posada, psicóloga clínica de niños y familia, del Centro de Profesionales Asociados, afirma que desde hace unos cinco años en nuestra sociedad ha aumentado la preocupación hacia este fenómeno. Señala la profesional que de no ser tratado a tiempo "ese menor sin ayuda psicológica puede convertirse a futuro en un mal ciudadano, cuando es el malo de la película, o en una persona depresiva con problemas de personalidad, cuando le toca el rol de víctima".

En Colombia, el tema ya está siendo analizado y una encuesta reciente, aplicada en las pruebas Saber, del Icfes, entre cerca de un millón de estudiantes de los cursos 5º y 9º de colegios públicos y privados, evidenció que el 28% de los estudiantes de quinto grado fue víctima de matoneo. El 21% confesó haberlo ejercido y el 51% admitió haber sido testigo del mismo.

En noveno grado, las víctimas llegaron a 14%, los victimarios a 19%, y los testigos fueron 56%.

En Estados Unidos, según el Departamento de Educación de ese país, el porcentaje de alumnos hostigados con frecuencia está entre 15% y 20%, y la intimidación entre compañeros aumenta a un ritmo de 5% anual.

Vargas explica que el problema hay que enfrentarlo desde varios ángulos. "Primero, los colegios deben asumir una mejor vigilancia y compromiso frente a lo que pasa en sus aulas, en los recreos y en los baños del colegio, porque si no hay mayor supervisión se genera el espacio para la intimidación", apunta.

La tarea también debe hacerse en los hogares, ya que los padres no prestan la atención necesaria cuando sus hijos llegan a quejarse o, por el contrario, se equivocan al asumir una actitud defensiva al ser informados de que sus hijos son los malos de turno. "Se requiere mayor criterio para entender que hay un problema por tratar en casa", dice la psicóloga.

El problema está latente y se ha evidenciado más en la medida en que la sociedad se acostumbra a pasar por alto conductas de irrespeto hacia el otro. Si usted considera que su hijo, sobrino o menor más cercano no es ni agresor ni agredido, también debe actuar, pues según los especialistas, la indiferencia también protege la agresión.

 

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