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Educación
Internet
Ángela Marulanda
Así como lo que comemos afecta nuestra salud física, lo que vemos y escuchamos impacta nuestra salud mental, especialmente en la infancia. Como los niños están en proceso de construcción, son muy vulnerables, y por eso se pueden deformar si están expuestos a los aspectos más infames y monstruosos de la vida antes de que tengan la solidez emocional y moral para verlos y cuestionarlos.
Hoy, gracias a que los medios audiovisuales traen toda suerte de historias abominables al hogar para 'entretener' a la familia, los niños presencian una cantidad de hechos sangrientos y perversos que pueden perturbarlos.
Como ellos son emocionalmente frágiles y no distinguen la fantasía de la realidad, ni saben qué está bien o qué está mal, quedan convencidos de que aquello que ven constantemente -por violento o inmoral que sea- es 'normal', y que además es divertido, puesto que así se divierten hasta sus padres.
Si bien en el pasado también había películas, novelas y series con contenidos inmorales, la gran diferencia es que antes siempre triunfaba el bien y los buenos eran los héroes. Hoy se glorifica el mal, y los que ganan, los que todos admiran, son los mafiosos, los asesinos, ¡los malos! Y los niños los querrán imitar.
Es evidente que la violencia enaltecida en los programas de mayor audiencia está deshumanizando y corrompiendo a los hijos. Y también insensibilizan a muchos padres. De otra manera es inexplicable que permitan que su familia se entretenga con programas tan atroces como dañinos. Les están estableciendo a los niños que la maldad, la inmoralidad y los delitos de la mafia son hazañas.
Somos lo que amamos, lo que soñamos, lo que valoramos y también somos producto de lo que vemos y acogemos. No debemos permitir que nuestra familia se alimente con la podredumbre que ofrecen las novelas centradas en las 'heroicas' monstruosidades de los malvados, que sólo benefician a sus productores con las jugosas ganancias que obtienen a precio de envenenar el corazón y deformar la mente de su audiencia, incluidos nuestros hijos.
Dime con que te diviertes... y te dire que aprendes, Angela Marulanda, |