Fecha de publicación: Martes, 23 de Febrero de 2010
Medio que publica: El Mundo de Medellín

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Columnista
Violencia y educación. Por:Alejandro Garcia Gomez

Opinión
Internet
Alejandro Garcia Gomez

Desde Nod

Acuéldese que mi tío es el jefe de la banda de aquí, señola, le increpó un niño de preescolar a doña Águeda (nombre cambiado), cuando ésta, en horas muy avanzadas de la mañana y bastante después de la hora de entrada de los menores, le trataba de hacer entender a su madre que no podía abrirle la puerta para su ingreso porque, si alguien la informaba, peligraba su cargo a causa de la acumulación de los llamados de atención por situaciones similares.

En meses anteriores, doña Águeda, trabajadora del aseo de una institución educativa de uno de los barrios Populares, había sido capacitada en vigilancia de las porterías por su cooperativa de servicios para transferirla de su cargo de aseadora al de vigilante, en convenio con la Secretaría de Educación Municipal de Medellín (Edúcame) tal como había ocurrido en todas o casi todas las instituciones educativas del municipio por esos días. Entre paréntesis, hay que aclarar que los servicios de aseo, vigilancia y algunos más, ya no son contratados directamente por Edúcame con los trabajadores sino que ésta contrata con las interpuestas cooperativas y éstas a su vez subcontratan con los trabajadores, en una condiciones laborales que, sin rayar en la ilegalidad quizá, son bastante controversiales, producto de las leyes de flexibilidad laboral del actual gobierno.

Regresando al caso que nos vuelve a ocupar para esta semana (mi artículo inmediatamente anterior Colegios: violencia y muerte), podemos afirmar que esta macabra anécdota real, muestra que la situación de las calles de la Medellín actual en vez de irse solucionando podría empezar a reproducirse en metástasis. La acefalía de mando en las calles, con la extradición a EE UU de los cabecillas narcoparamilitares -mando de un gran cabecilla que fue quedando en evidencia en los primeros meses de inicio de las leyes de justicia y paz con la paralización del transporte de Medellín por dos días hasta que éste gran jefe dio su consentimiento para normalizar la situación- produjo la rebatiña por el poder, una rebatiña que se ha vuelto dinámica y cambia a cada momento de protagonistas -por muerte violenta- pero no de métodos al amparo de la impunidad más alta hoy que antes y de la persecución a las instituciones de la justicia.

Pero lo que es más grave no es sólo esto que de por sí ya lo es y mucho; lo más grave es que se está formando una cultura sicarial nuevamente, una reproducción de la violencia en la forma de pensar de las gentes que son las que finalmente constituyen las familias, en un tejido social donde de nuevo la violencia se muestra como algo "normal", culturalmente aceptado por el núcleo familiar que es el que rodea y educa a los actuales menores. Así es como se puede entender la reacción del infante de preescolar de esta anécdota real con doña Águeda. El niño "defendiendo" o "apoyando" a su madre.

Soluciones al conflicto se escuchan varias y algunas de ellas se han venido implementando de manera inmediata por la hedentina de los muertos. El problema es convertir a estas soluciones inmediatistas en definitivas o cuasi definitivas, como parece ser que ha venido ocurriendo. Grave error pensar que con sólo aumentar el pie de fuerza o cambiar a la policía por el ejército o viceversa o pensar que los éxitos en la captura o dada de baja de delincuentes de bajo o de alto rango en estas estructuras utilizando el sistema de recompensas, puede solucionar el conflicto.

Grave error

Resulta manido reiterar que sólo la real presencia del Estado en estas zonas en educación, salud y servicios y no con el maquillaje de fugaces campañas publicitadas por la televisión de peluqueros, odontólogos, médicos militares y otros similares en estos sitios sino con inversión -que ahora se va a la guerra- que dé igualdad de oportunidades a estas personas principalmente a sus juventudes e infancia- y obviamente con la presencia de autoridades judiciales respaldas por policiales y militares. Sin esto, las soluciones son incompletas y al final se volverán insostenibles.

Alejandro Garcia Gomez, Violencia y educacion, conflictos en instituciones educativas,