Fecha de publicación: Miércoles, 17 de Febrero de 2010
Medio que publica: El País de Cali

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Columnista
Sexo Por: José Vicente Arizmendi

Opinión
Internet
José Vicente Arizmendi

Catalejo

Tal vez una de las mayores paradojas de la Internet es la que tiene relación con el sexo. Si usted escribe esta palabra de cuatro letras en el principal buscador de la red le aparecerán 83,7 millones de resultados y si ensaya en inglés, 540 millones. El problema no es que lo haga usted, sino un niño.

La mayoría de los sitios virtuales disponibles en internet no explican la sexualidad humana ni mucho menos orientan ni informan al usuario, porque son simple pornografía. Y quien dice pornografía no dice sexo sino negocio, fabricación, explotación y engaño. Los niños y jóvenes de hoy están expuestos a que no sólo cuando buscan palabras de posible contenido sexual sino incluso otras más inocentes, terminen expuestos a imágenes fuertes que los escandalizan y confunden.

Por supuesto que existen filtros para bloquear el contenido al que acceden y muchos padres los conocen y utilizan, pero ¿y los computadores de los amigos, los de los cafés internet, los mensajes de correo? Hoy en día, las víctimas infantiles de la pornografía no son sólo los menores fotografiados o filmados por adultos inescrupulosos, sino también los que desprevenida o intencionalmente van a dar a las cloacas disponibles en la red.

Si no hay una intervención decidida de padres y maestros, que prevenga y anticipe los riesgos y mitigue cuando sean inevitables los efectos, la educación sexual en nuestra época está en manos de los negociantes del porno. A través de videos, fotos y salas virtuales de charla, los mercachifles de la pornografía exponen tempranamente a chicos y chicas a la representación más reducida y distorsionada de la sexualidad humana.

Aunque cueste trabajo y algo de vergüenza hablar del tema con los jóvenes, podría ser útil explicarles que la pornografía es pose y simulación; que los cuerpos se acomodan, se iluminan y se maquillan para la cámara; que las personas involucradas están allí por dinero, en una actividad que no es más que una forma moderna de prostitución.

Y decirles también que la sexualidad humana es más profunda, involucra sentimientos y emociones, que el sexo bien vivido lleva consigo afecto, amor, comunicación, ternura. La inmediatez de la red mundial expone a los muchachos a un panorama crudo, sin gradualidad, sin contexto y en muchos sentidos perverso.

Según los expertos, cuando los niños más pequeños presencian imágenes pornográficas sienten mucha angustia y desazón. Todas las maravillas del progreso tecnológico en comunicaciones y electrónica palidecen desde esta perspectiva. Por un lado, la Internet permite acceder a millones de contenidos útiles e instructivos para complementar la educación de las nuevas generaciones. Pero por otro las expone a una faceta oscura y compleja del ser humano, que sólo en la edad adulta y con criterio se puede procesar.

Allí reside uno de los grandes desafíos de la educación actual: preservar a niños y jóvenes de la codicia de unos mercaderes que, como los promotores de todos los vicios, envuelven su veneno en terciopelos que disparan el instinto más difícil de controlar del ser humano.

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