Fecha de publicación: Lunes, 01 de Febrero de 2010
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Columnista
Jóvenes, a los semáforos. Por: Juan José García Posada

Opinión
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Juan José García Posada

Los semáforos son los puntos de encuentro más codiciados por miles de jóvenes de las ciudades, en estos días de desempleo sostenido y apertura de campañas políticas. Saltimbanquis y prestidigitadores desafían los riesgos del tránsito urbano mientras compiten en las esquinas con los propagandistas que reparten volantes de candidatos y partidos en nombre de una juventud ilusionada con el poder.

La conversión de estudiantes en informantes, como la planteó el Gobierno, es un exabrupto. Por supuesto que todo ciudadano debe cooperar con las autoridades, pero sin asumir funciones policiales. Varios candidatos rechazaron esa iniciativa porque constituiría instrumentación indebida y peligrosa de los jóvenes. ¿Pero pueden asegurar que justiprecien de verdad el aporte de la juventud y no se limiten a utilizarla como herramienta propagandística?

En el período de discusiones que empieza mañana cuando estén inscritos los aspirantes a ser elegidos como congresistas se congestionará el calendario de eventos extracurriculares en las universidades con las visitas de decenas de candidatos. Otra vez entonarán alabanzas a la juventud colombiana, al papel trascendental que se le tiene reservado en el futuro ya próximo y propondrán un sugestivo catálogo de iniciativas para resolver los problemas de la clase estudiantil. Anunciarán fórmulas para financiar la educación superior, reducir el desempleo profesional, asegurar la movilidad internacional de los estudiantes, controlar la fuga de cerebros, etc.

Pero es evidente, como se demuestra con sondeos estadísticos y se verifica mediante la observación directa y la experiencia, que entre la juventud cunde una sensación comprensible de desconfianza frente a la política. Son contados los estudiantes que intervienen en las campañas y cuando actúan es probable que se decepcionen pronto. La participación en debates internos también es poco relevante. En principio, todo universitario debería formarse como líder, pero el liderazgo parece reservado a grupos minoritarios encomiables por su consagración a esa suerte de voluntariado futurista.

Incluso en instituciones universitarias, cuya razón de ser en gran parte está señalada por la juventud, como estado del alma que se renueva todos los días, se reproduce a veces el antimodelo excluyente de negación de oportunidades a los jóvenes para acceder, por ejemplo, al trabajo docente, porque "no tienen experiencia y deben esperar unos cuantos años".

¿Qué otro tipo de empoderamiento les reconocen los candidatos y jefes de debate a los ciudadanos de la más nueva generación, además de utilizarlos para hacer proselitismo en las calles y efectuar oficios menores con el eufemismo de respaldo logístico? ¿Fuera de poner a uno que otro profesional joven a figurar en listas, qué participación efectiva están garantizándoles a los exponentes de la juventud en la conceptuación de programas y proyectos y en la renovación de la política? Para la nueva generación, los semáforos no están en verde.

 

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