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Cuando estudié las primeras lecciones de historia de Colombia, me asombró ese tramo que llamaron "La Patria Boba". Hoy abundan los motivos para estimar que repetimos, con creces, esos vergonzosos momentos del pasado.
En un lapso corto, pasamos del elefante del 8.000 a la yidispolítica, de las chuzadas a las recusaciones, de las interminables conversaciones con el Eln a los entuertos con Chávez y Correa, de las fantasiosas liberaciones de secuestrados de las Farc a la confirmación del círculo vicioso de este flagelo, del interminable libreto del referendo al choque de trenes entre el Gobierno y la Corte Suprema, etc. Pasamos innumerables escenas de la vida nacional, marcadas de corrupción, narcotráfico, politiquería, paramilitarismo y delincuencia.
Pero, mejor que llorar sobre la leche derramada, valdría la pena empezar a construir lo que viene, y en lo que tenemos cada uno de nosotros algo por hacer durante este año que podría ser de "diez". Entonces, podríamos decir que pasamos de la pesadilla a un sueño factible de construir, podríamos decir que acertamos en la jugada para empezar a consolidar la ilusión de una nueva Colombia.
¿Por qué no soñar que las extendidas agendas derrochadas en atacar y contraatacar, en crear normas, y otras normas para burlarlas, fueran precisamente para gobernar, gestionar progreso y dignidad de los colombianos, crecer la civilidad, para liderar en positivo? En una geografía con excepcionales condiciones climáticas, extensos mares, exuberante fauna y paisajes deslumbrantes, Colombia podría ser, no sólo uno de los mayores atractivos turísticos, sino, además, una importante despensa del mundo.
¿Por qué no soñar que los campos sean lo que vimos en nuestra infancia, que la política vuelva a ser lo que ella significa: el debate limpio de las distintas ideas y la gestión transparente de lo público? ¿Por qué no soñar que saltamos de los partidos de la discordia y la muerte a proyectos de genuina política?
¿Por qué no fantasear que las cifras gastadas en los últimos 50 años en la guerra absurda estuvieran invertidas en vivienda, salud, educación, frentes de trabajo, bienestar social, protección a la infancia, cuidado del medio ambiente, carreteras y apoyo al campesino que mantiene nuestra despensa? No alcanzo a imaginar cuánto se podría hacer con ese guarismo que no cabría en ninguna calculadora.
Este año se presenta una coyuntura que podría ofertar otro comienzo: la posibilidad de elegir un nuevo líder nacional. Con el justo reconocimiento a la gestión del Presidente Uribe, es hora de atrevernos con nuevos modos de gestionar la política o, mejor, de recuperar las prácticas genuinas de la política y dar oportunidad a otras alternativas para entender el rumbo nacional.
Con Tomás Edison, podemos decir: "si lo podemos soñar, lo podemos hacer".
"Si lo podemos soñar, lo podemos hacer". Por: Óscar Henao Mejía, el colombiano, política, inversión |