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Rafael González Toro
Los Trinitarios llegaron recién empezada la invasión. Hace 24 años, cuando la montaña se comenzó a poblar por la gente que venía del campo. En otra de las migraciones a causa de la violencia que se vivieron en el siglo pasado.
Fue por esos días cuando el cerro tutelar, que en sus faldas cobija al barrio Enciso, se copó con ranchos. Pero, cuando las necesidades comenzaron a apremiar, la Fundación de los sacerdotes Trinitarios dijo presente.
Por eso desde mediados de los ochenta, los pobladores del sector Los Mangos, parte alta de Enciso, cuentan con una mano amiga.
"Cuando llegamos solo había zonas de invasión. No había servicios públicos ni escuelas. Los pobladores con contaban con nada", comenta el padre Alfonso Rementería.
Pero el esfuerzo pudo más que el desarraigo y la violencia que campeaba por las calles de tierra y se llevaba a los jóvenes.
Y a pulso, con el esfuerzo continuo de hombres como el padre José Azpilicueta, la fraternidad y las ganas de desterrar la violencia le comenzaron a ganar terreno a la droga, el abandono y la desescolarización.
Fue así como, con la dedicación del padre José, se pudieron adquirir unos terrenos para la construcción de un colegio, que es hoy el Sol de Oriente y desde ahí se inició la obra de la iglesia, una escuela, una guardería y un ancianato en el sector de Los Mangos.
El despertar
Hoy la guardería es el segundo o, en muchos casos, el primer hogar para 250 niños de la zona. Además, los Trinitarios crearon la escuela Fundación Domingo Iturrate, que les da educación a 1.150 niños, en dos jornadas diarias.
La iglesia, además de las actividades pastorales, es un centro de unión cultural y de capacitación en oficios para todas las edades.
Las ayudas, que se canalizan en parte con el Plan Padrino, que se ofrece en países como Estados Unidos, son integrales. También se reciben colaboraciones de Puerto Rico y España. O de personas que ayudan de manera desinteresada, como Arnaldo Hoyos, jubilado que no falta con donación cada semana.
Si un alumno entra en los subsidios debe asistir a clases, los sábados, de costura, peluquería, panadería alfabetización, danza y vitrales, en el caso de las niñas, o de pintura, música, recreación o microfútbol, para los niños.
"Lo que se ha vivido acá es un cambio grande. Era una zona muy peligrosa. Hoy las cosas van por buen camino", comenta el sacerdote Rementería
Y esas ganas de ayudar a los demás se ven recompensadas en momentos como las primeras comuniones de diciembre pasado, cuando 150 niños de la zona recibieron alegres el sacramento. "Eso es lo mejor, poder darles una alegría", remata Rementería.
Mano amiga en Los Mangos, |