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Educación
Internet
Ana María Chica Agudelo
Álvaro Navarro es un paisa radicado en Argentina, que durante todo el 2009 ha estado comprometido con la educación de una niña del nordeste antioqueño, después de conocer su historia en estas páginas. A Colombia piensa venir con su esposa, a conocer la "ahijada" que les dejó el 2009.
Álvaro vive en Argentina pero de su tierra se mantiene cerca. La edición digital de EL COLOMBIANO, como de los periódicos de otras ciudades han ayudado a cumplir este propósito: no olvidar lo que sucede en su país.
Son los mismos, los que le han dado ideas a su compromiso con la educación.
En febrero de este año se publicó en estas páginas la historia de una pequeña del nordeste antioqueño.
Inquieta por aprender, a sus cuatro años y sin ninguna experiencia escolar, ya sabía leer, escribir, sumar y restar bajo la tutoría de su madre, una humilde campesina.
Para ese entonces, y por falta de recursos, la niña no había sido sometida a una evaluación que demostrara su potencial.
Después de la publicación, la pequeña pudo recibir de manera gratuita un examen neurológico para medir sus capacidades.
Según los resultados, cuenta su madre, la niña de cuatro años tiene la expresión oral de un niño de nueve, entre otras características.
Álvaro y su esposa Matilde no necesitaron resultados para creer en el talento de la niña.
Desde ese entonces, el paisa amante de la pesca y la buena cocina, decidió apadrinar a la niña y darle un buen futuro como el que un día decidió darle a Laurie.
La historia de Laurie, es similar. Una joven cartagenera de la que Álvaro conoció su historia por medio del periódico El Universal.
Fue cuando terminaba el bachillerato, que hasta Cartagena llegó a conocerla personalmente y hoy va por la mitad de su objetivo: graduarla de la universidad.
Me dijo que le pidiera dos cosas, cuenta la joven habitante del barrio Nelson Mandela.
El mayor deseo, poder hacer una carrera universitaria y el otro, una vivienda digna para mi familia.
Con los dos le cumplió, Laurie ya está en el cuarto semestre de Contaduría, de la Tecnológica de Bolívar, universidad privada con unos costos que su familia no habría podido pagar.
Como el tío que se ha convertido, cuenta Laurie, Álvaro le exige buenas notas.
Con la niña del nordeste, quiere "acompañar su educación hasta que nuestras posibilidades lo permitan".
Por vivir en una vereda lejana, las posibilidades de desplazarse diariamente a la escuela municipal eran pocas.
"Para que tenga garantizado el estudio, nos comprometimos a cubrir parte de los costos de la vivienda en el pueblo", además de los gastos que demanda su educación.
Hoy, la niña está en segundo grado como la mejor del salón, resultados que a su padrino da a conocer por Internet.
Como con Laurie, el compromiso de Álvaro con la niña antioqueña va más allá que el dinero que periódicamente les consigna.
"Ella nos cuenta cómo va en el colegio y lo que está aprendiendo. Además cada dos o tres meses nos envía unas cartas muy hermosas, que nos llenan de alegría al ver el bien que estamos haciendo por su futuro".
Álvaro no solo está pendiente de su proceso sino que además se siente orgulloso con sus éxitos.
Los esposos se consideran los "tíos" de las excelentes estudiantes, mientras que en estas tierras Álvaro y su esposa "son unos ángeles
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