Fecha de publicación: Domingo, 13 de Diciembre de 2009
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Columnista
Maestros, lejos de la tiza y el tablero por Óscar Tulio Lizcano

Opinión
Página: Internet
Autor: Óscar Tulio Lizcano

Se ha venido estudiando un tema particular, con grave incidencia en el sistema educativo. Se trata del Síndrome de Agotamiento Profesional, que describe los síntomas físicos como consecuencia de las precarias condiciones de trabajo.

En el caso de la educación, múltiples situaciones pueden generar la patología a la que me refiero: las dificultades de un entorno laboral que genera agresividad, las disputas entre docentes, las complicadas relaciones con alumnos, las pésimas instalaciones educativas, las distancias de las escuelas y la baja remuneración.

El presidente Uribe se quedó sorprendido cuando visitó una escuela de niños en Barrancabermeja. Allí padecen el sopor agobiante de cuarenta grados centígrados, atizado por la chispa de sol sobre el techo de zinc.

El calor es tan infernal que el mismo mandatario no soportó cinco minutos dentro del aula. Eso, sin entrar en detalles del hacinamiento al que están sometidos.

Estos motivos son detonantes de la frustración de los maestros: enfado, depresiones y ansiedad, son emociones apenas lógicas en un ambiente tan hostil. Y esas manifestaciones de su frustración repercuten indiscutiblemente en la educación de sus alumnos. Se conoció un estudio realizado por la Universidad Javeriana.

En él participaron reconocidos siquiatras que determinaron la incidencia de condiciones laborales desfavorables en los docentes. Señala la investigación la carencia en cuanto a valores, el desgano por la realización personal y evidente cansancio laboral.

Lo más grave de ello es que la sociedad parece pasar de largo frente a la situación y olvida que la labor de maestro, desde la antigüedad, ha tenido un papel fundamental para el desarrollo de la humanidad. Por ello, el maestro era valorado con dignidad y ejercer su papel implicaba orgullo. En el estudio, un porcentaje significativo afirma que no volvería a ser maestro si tuviera la oportunidad de elegir.

En el caso de Medellín, al Síndrome de Agotamiento se le suman lidiar con las pandillas, preocuparse por la vida de un estudiante en riesgo de ser asesinado y acudir a la escuela con el temor de morir en medio de balas cruzadas.

En Medellín se consultó a 239 maestros y se determinó que el 37 por ciento de ellos presenta síntomas severos de agotamiento profesional. El 34 por ciento es pesimista frente al trabajo que realiza y un 23 por ciento sufre de ambos síntomas.

El Gobierno viene diseñando programas para elevar la calidad de la educación con evaluaciones permanentes que le permitan detectar el bajo rendimiento. En esa labor debe tener presente que al tiempo que logre incrementar cobertura, debe también mejorar sus condiciones laborales. De lo contrario, los resultados serán nulos.

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