Fecha de publicación: Viernes, 27 de Noviembre de 2009
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Columnista
La noche de Medellín, la más educada. Por: Martha Lorena Salinas

Opinión
Página: Internet
Martha Lorena Salinas

La noche del pasado martes 17 de noviembre, el ritmo de las noticias de la ciudad estuvo marcado por una ceremonia de gala, con abrazos, regalos, palabras de afecto y admiración, y música. Pero no se trataba esta vez de una apoteosis de la frivolidad, ni de la consagración de los famosos o un hito más en el mundo del espectáculo, sino de un ritual sencillo, heredado de la tradición, mediante el cual se hace público el reconocimiento social a aquellos que moldean sus vidas en el mundo de la educación. Fue la noche del premio "Medellín, la más educada", cuyo propósito fundamental es el de poner en relieve, de cara a la sociedad, la dignidad de las vidas que se forman en el escenario de la cultura escolar, las de los sujetos que habitan las escuelas y los colegios, maestros y estudiantes, de lo que se inventan para resolver los conflictos de manera inteligente, de los asombros y los sueños que suscita el aprender, como también de las experiencias significativas desarrolladas allí que conllevarían a mejorar la calidad de vida de la comunidad.

Desde su creación hace cuatro años, se tiene claro que el premio es un referente simbólico de una apuesta de futuro construido desde el presente de la educación, en una ciudad que se reconoce habitada por la tensión entre la desesperanza y la invención de los jóvenes, el pesimismo de las heridas abiertas y la voluntad de creación. El premio sella la armonía de un proyecto de ciudad entendido como un proyecto de educación, a la vez que rubrica la alianza entre los sectores público y privado, que asimilan los retos de una educación para toda la vida. De hecho, la ciudad enfrenta una oportunidad histórica sin igual, representada en el hecho de que nunca antes concitó diferentes voluntades alrededor de una estrategia global de transformación de la ciudad por la vía de transformarnos a nosotros mismos, esto es, poniendo lo mejor de sí en una educación con calidad y sentido humano de los niños, las niñas y los jóvenes, quienes sabrán pronto adaptar los siempre deseados modos de vivir en paz.

Ya conocen nuestros lectores los nombres de los galardonados, quizá hayan apagado las luces en los salones del festejo; ahora yo invoco el valor de la prudencia que hace posible comprender que el trayecto recorrido es poco, pues los cambios educativos son de larga duración. Es la hora de insistir, ajenos al gesto común del aguafiestas, que no bastan la mejoría en los rendimientos de los exámenes de Estado en un determinado número de instituciones educativas, el orgullo de los nuevos colegios y los parques biblioteca, el incremento de las dotaciones con recursos tecnológicos de punta, en fin, de más y mejores inversiones, si ello no va acompañado, de forma interrumpida, del concurso de las universidades, de la formación continua de profesores, de la apropiación pública de las suertes acaecidas en las escuelas y colegios, y del cumplimiento puntual del Estado en sus obligaciones sociales y como garante del derecho a la educación. Y, sobre todo, en la garantía de la educación de la infancia como la tarea impostergable del presente. Sólo así podrá ser salvada la deuda histórica de esta sociedad con la existencia misma de la ciudadanía.

 

La noche de Medellín, la más educada. Por: Martha Lorena Salinas