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Economía
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Laura Victoria Botero
La emigración de talentos, antes llamada fuga de cerebros, podría, en el mediano plazo y si se dan las condiciones necesarias, apoyar el progreso de Colombia.
El mundo es ancho y ajeno. Eso dicen quienes movidos por la curiosidad, o buscando una oportunidad que se escapa cerca de la tierra, deciden emprender el viaje de su vida.
Para la mayoría se trata de una experiencia con fecha de retorno. Sin embargo, como son dueños de un talento excepcional, logran seducir más allá de las fronteras y se convierten en la materia de exportación más importante que puede tener un país: su gente, su capital humano.
Este informe cuenta tres historias admirables. Pero podrían ser treinta, podrían ser tres mil. En este país, en donde sobran las necesidades y las oportunidades se esconden, hay miles de personas que tienen talante de genios.
Catalina López Correa, médica antioqueña; Pablo de Greiff, filósofo político bogotano; y Camilo Lara Martínez, ingeniero de sistemas de Valledupar, se han dedicado en cuerpo y alma a eso de convertirse en expertos en su materia.
Y lo lograron. Están en Canadá, Estados Unidos y Alemania. Fueron tantas las posibilidades que se abrieron para ellos en el exterior, que hacen parte de equipos de excelencia en empresas privadas, organizaciones sin ánimo de lucro o prestigiosas universidades.
Pero, dicen, la idea de volver no los seduce. No tendrían un escenario para desplegar su talento. Faltan laboratorios, no hay financiación para la investigación, no se consolidan políticas públicas y privadas para fomentar el desarrollo que sueñan en su país. Aseguran que lo que pueden y seguirán haciendo es trabajar desde afuera.
Ellos, desde muy jóvenes, se fueron de casa. Dejaron sus familias, su historia y sus amigos. Abrieron su camino para ponerse adelante de muchos. Trabajaron duro, se olvidaron de la diversión y concentraron cada esfuerzo en la educación que necesitaban para ser el orgullo de su casa. Tal vez, pasando por alto que hoy son el orgullo de todo un país.
Contexto
Catalina López Correa: médica, experta en genética: Quebeq
A los 25 años, está médica decidió viajar a Francia a aprender el idioma. Se había graduado en la Universidad Pontificia Bolivariana y la curiosidad por conocer el mundo la fue moviendo de país en país hasta convertirse en una de las personas más respetadas del mundo en genética humana. En París realizó estudios de maestría: "Trabajé durante los dos primeros años limpiando casas, en restaurantes o cuidando niños para pagar mi educación. Luego obtuve una beca para estudiar el doctorado en la Universidad de Lovaina, en Bélgica".
Las invitaciones para vincularse a universidades y centros de investigación no se hicieron esperar; sin embargo, ella esperaba algo más. "Yo quería trabajar en una empresa de biotecnología o farmacéutica; mi interés no era quedarme en el ámbito académico. Entonces empecé a mandar mi hoja de vida a muchas partes hasta que me llamaron a trabajar en una empresa de biotecnología, en Londres. Estando allá, un año y medio después, surgió la posibilidad de irme a otra empresa similar en Reykjavik, Islandia, y allí estuve durante cuatro años hasta que me ofrecieron trabajo en Estados Unidos". Una cosa tras otra fueron sucediendo. Cada nuevo logro fue alejando a esta experta de su país, al punto de que no visualiza la idea de volver. "Como parte de mi educación fue financiada a través de una beca de Colciencias, una vez decidí quedarme fuera del país tuve que reintegrar cerca de 50.000 dólares por la beca. Pero mis opciones eran más claras fuera del país.
Las opciones, en efecto, se fueron materializando en el trabajo y la experiencia que han hecho que esta científica ocupe hoy el cargo de vicepresidenta de Asuntos Científicos de Genoma Quebeq, en Canadá. "Empecé a trabajar acá en julio del año pasado. En marzo me ascendieron a Vicepresidenta y una de mis responsabilidades es desarrollar estrategias para hacer visibles los trabajos de investigación y que los profesionales y científicos de la región se queden acá. Me han hecho ofertas para regresar. Sin embargo, en el país no encuentro las condiciones que hagan atractiva la idea. No quisiera vincularme como docente, sino seguir trabajando en el desarrollo de mi área de interés a través de las organizaciones".
Una mirada
El análisis
La experiencia muestra que el índice de regreso de los colombianos que van a especializarse en el exterior mediante las becas de Colciencias es superior al 95 por ciento. Eso muestra que hay una gran cantidad de colombianos que retorna luego de formarse. Eso hay que mostrarlo.
Hay otro elemento y es que hay gente muy bien formada que se quedan por fuera. Y ahí caben dos razones. Una sencilla y humana es que forman una pareja o una familia y eso amarra. El otro caso es el de personas sumamente brillantes cuyos profesores o instituciones, donde están, ofrecen cosas formidables que en un análisis serio los retiene por fuera del país.
La pregunta que hay que hacerse es cómo lograr que ellos, desde afuera, aporten al país. Todos tienen la disposición de hacerlo. Pero hay que crear condiciones para que puedan trabajar con equipos de investigación nacionales, desde donde están, adelantando proyectos colaborativos, permitiendo que nuestros grupos crezcan y se generen otras visiones y otros alcances.
Para poner un ejemplo, hay que destacar el acuerdo que acabamos de firmar con Alemania, con el cual se establece relación con la agencia más importante de financiación de ese país y se abren múltiples oportunidades. Esto nos permitirá ampliar la capacidad de investigación. Porque además, el problema no es solo de plata, sino de ampliar la frontera del conocimiento y someterlo a ideas en la vanguardia, que rápidamente alimenten al país.
También hay que destacar que hay muchas personas de nacionalidades no colombianas que tienen un tremendo interés en ayudar a Colombia y están decididas a hacer proyectos en ese sentido. Hay comunidades académicas en Estados Unidos, Francia y Alemania, que son entusiastas al momento de brindar colaboración al país.
El tema también debe analizarse desde la perspectiva de una sociedad global. Eso que hace unos años se conocía como fuga de cerebros, hoy tenemos que replantearlo como la capitalización de los cerebros no importa dónde estén. Además porque hay gente nuestra sumamente brillante y en el país no tenemos los recursos para dotarlos de los laboratorios adecuados para el nivel de conocimiento que requieren. Sería un error traer a muchos de esos emigrantes y no poder ofrecerles la garantía de una educación continuada.
El país, urgentemente, necesita expertos en ciencias de la vida, y ciencias básicas, ingenieros, físicos, matemáticos, para repotenciar su capacidad para transferir tecnología y desarrollar conocimiento útil para transformar el aparato productivo y contribuir a resolver problemas sociales.
Juan Francisco Miranda
Director de Colciencias
Gente brillante que se va y no vuelve,fuga de cerebros |