Fecha de publicación:Viernes, 11 de Septiembre de 2009
Medio que publica:El Nuevo Siglo
Sección:Nación / Nacional
Género periodístico:Noticia
Autoría:Sin firmar
ICBF recibió 20.155 denuncias de maltrato físico infantil

Nación
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Los colombianos aún creen que "la letra con sangre entra"

Este año, hasta julio, la cifra era de 11.958 acusaciones, equivalentes l 47% del total. Las madres son más agresivas que sus esposos a la hora de reprender a sus hijos.

Durante el 2008, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) recibió 20.155 denuncias por maltrato físico, las cuales corresponden al 50% de todos los casos de maltrato infantil reportados ante la entidad.

Este año, hasta julio, la cifra era de 11.958 denuncias, equivalentes a 47% del total. A ello se suma el maltrato a bebés en gestación, una modalidad de la cual se denuncia aproximadamente un caso diario.

Estas cifras evidencian que, acudir al castigo físico como una medida para reprender sigue siendo una práctica frecuente entre padres, abuelos y maestros que todavía, encuentran en ella una herramienta legítima y eficaz en la educación de los menores de edad.

Otro dato revelador sobre la validez que aún tiene la agresión física entre la sociedad colombiana, como una manera de educar a sus hijos, es el que encontró la más reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Ends- 2005) al indagar entre la población femenina sobre las formas más utilizadas por sus esposos o compañeros para castigar a los niños.

El 75% de las entrevistadas aseguró que ellos acuden con mayor frecuencia a la reprimenda verbal, mientras el 41% dijo que lo más frecuente era acudir a los golpes y el 22% a las palmadas.

"A Santiago le echan agua fría y le dan correazos", contó Nicolás sobre los castigos que recibe su compañero de clase, de ocho años. "Pegarle a los niños está mal porque ellos se sienten amenazados y les duele".

Mujeres, más agresivas

Las madres son aún más agresivas que sus esposos a la hora de reprender a sus hijos. La misma Ends reveló que el 47% de ellas acude a los golpes y el 34% a las palmadas. La situación es más frecuente entre las mujeres mayores de 25 años, las residentes de las zonas rurales y aquellas con más bajos niveles de educación e ingresos.

"Lo que le queda a un niño o niña de una palmada es el dolor físico y el miedo, la angustia y la inseguridad que produce la agresión, sobre todo de parte de una persona significativa para él o ella", explicó Rocío Mojica, oficial de protección de la UNICEF.

A finales de 2008, el Centro Nacional de Consultoría concluyó un sondeo de opinión entre más de mil personas, contratado por la UNICEF. El estudio reveló que el 43% de los colombianos justifica "el castigo o maltrato a los niños, niñas y adolescentes" en determinadas situaciones, entre ellas el consumo de sustancias psicoactivas, mencionada por el 30% de los encuestados, el consumo de tabaco (27%) y el irrespeto o la desobediencia a los mayores (20%).

Paradójicamente, estos porcentajes se elevan al 46%, 42% y 34% respectivamente en el caso de los encuestados con edades comprendidas entre los 15 y los 17 años, quienes seguramente serán padres en el futuro.

"Aunque para muchas personas el castigo físico es una forma de disciplina y por ende se legitima como tal, realmente es una forma de violencia hacia la niñez", aseguró Roger Dávila, coordinador del Programa de Protección y Violencia de Save The Children en Colombia.
"El castigo físico viola la integridad física y psíquica, enseña que es éticamente correcto controlar a otro ser humano por dolor y abre un espacio en la protección del niño, facilitando el abuso sexual", concluyó la psiquiatra Isabel Cuadros, directora de la Asociación Afecto Contra el Maltrato Infantil.

Pero no todos los niños ni todos los adultos son conscientes de la huella que el castigo físico dejó en sus vidas. Aunque muchos recuerdan fotográficamente qué tipo de golpes recibieron cuando niños, aseguran no sentirse afectados e inclusive justifican una situación que, sin darse cuenta, están perpetuando.

"Un niño o niña sobre el cual han basado una crianza por miedo, es un niño que tiene problemas de autoestima, de confianza en sí mismo y de represión", dice Roger Dávila. "No es bienestar mental pensar que es justo y necesario que a uno le peguen para ser el hombre o mujer que es hoy en día. Esto es un claro ejemplo de lo erróneo que percibimos el castigo, al punto de aceptarlo, de pensar que es necesario".

Sobre la capacidad que tiene el castigo físico para multiplicar la violencia intrafamiliar y, con ello, la violencia social vivida en países como Colombia, profesionales participantes en la Ends advierten que "la violencia genera más violencia y las personas que la han padecido en el seno de sus hogares de origen tienen la tendencia a reproducirla en sus propios hogares, en la escuela, en el lugar de trabajo y en cualquier otra situación de la vida cotidiana que entren en contacto con otras personas".

Para Nicolás es tan claro como que, "a los papás que les pegan a los niños yo les diría que deberían irse para la cárcel porque son malos".

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