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Medio Ambiente
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Liliana Vélez De Restrepo
A través del proyecto Tierra Florecida del profesor Ovidio Guerrero, los niños del municipio de Concepción se comprometieron no solo a cuidar del planeta sino a sembrar cámbulos y guayacanes en los alrededores.
Concepción, en el Oriente Antioqueño, se convirtió en el primer municipio en el Continente, y quizá en el mundo, en firmar solemnemente un Pacto de no agresión contra la Tierra. Lo hizo el pasado 8 de mayo con ocasión de la conmemoración del Día de la Tierra.
Fue un acto de desagravio a la Tierra realmente conmovedor, afirma Ovidio Guerrero, gestor del proyecto Tierra Florecida, que busca integrar en un solo evento, cuatro programas de gran impacto sobre la educación medioambiental de las jóvenes generaciones.
"El objetivo es despertar o crear en ellos el sentido de la sacralidad de su Hogar Cósmico", precisó el profesor Guerrero.
El pacto contempla ocho compromisos concretos que el firmante asumió frente a su propia conciencia, frente a las "Potestades del Cielo y de la Tierra", frente a los espíritus que gobiernan el Cosmos, frente a las especies vivas que aún quedan sobre el Planeta, frente a las presentes y futuras generaciones, frente a Colombia y al mundo. (Ver recuadro para conocer los puntos).Con música clásica
Quizás lo más memorable de la jornada fue la bendición de las semillas de guayacán y de cámbulo que recibió cada estudiante, para que las haga germinar con el estímulo de la música de los grandes compositores clásicos y luego siembre las plántulas alrededor del casco urbano.
Allí se formará un primer anillo de coloración rosada y roja oscura de 800 árboles. Le seguirá luego un segundo anillo de coloración blanca y violeta de 1.600 árboles, para terminar con un tercero de 3.200 de color amarillo.
"¡Jamás se verá nada igual en ninguna otra parte del mundo!", anotó el profesor Ovidio Guerrero. Y agregó que quien tuvo a cargo la bendición de las semillas fue un niño, quien invocó a los Espíritus Elementales de todos los árboles de floración, para que la primera explosión de flores sea un espectáculo de fantástica belleza sobre el paisaje circundante.
El programa, que contempla la siembra de un mínimo de dos árboles de floración por cada niño mayor de ocho años, en los alrededores del casco urbano, formará hasta donde sea posible, un espléndido diseño geométrico.
Lo particular del programa es que el niño tomará parte desde la germinación de las semillas, hasta más allá de la primera floración, que será toda una celebración a la vida.
Aquel cuyos árboles florezcan primero, se le hará un reconocimiento especial, precisó el profesor Guerrero.
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