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Juan Fernando Gómez Ramírez
Entre los idearios esenciales de los padres y educadores están los de propender porque sus hijos y discípulos lleguen a ser personas pacíficas, dispuestas a participar en los procesos de construcción y reconstrucción social, comprometidos con su entorno y decididos a ejercer plenamente su ciudadanía.
Lo anterior no se da por generación espontánea sino que usualmente es la respuesta a todo un proceso, donde el acompañamiento comprometido y el ejemplo de los padres y adultos significativos juegan un papel determinante.
Está demostrado que cada niño necesita una relación cariñosa y fuerte con sus padres o en su defecto otro adulto para sentirse seguro y confiado. Sin este lazo estable, existe el riesgo importante de un comportamiento hostil y problemático.
De igual manera se reconoce plenamente que los niños aprenden con el ejemplo de sus mayores y que el comportamiento, los valores y las actitudes de estos, tienen una gran influencia sobre sus concepciones ideológicas y su manera de obrar.
La Academia Americana de Pediatría, en una publicación reciente sobre la relación existente entre el estilo de crianza y la resistencia a la violencia por parte de los niños, formula algunas recomendaciones que consideramos importante compartir con nuestros lectores:
Hablar con los niños sobre sus problemas y advertirles con firmeza acerca de los riesgos que implica una manera violenta de solucionarlos.
Elogiar a los niños cuando resuelven sus problemas sin recurrir a la violencia.
Evitar por parte de los padres, la promoción de comportamientos agresivos en los niños; aquello de enseñarles a pelear "para que sepan defenderse" debería cambiarse por enfoques que permitan resolver los problemas mediante el diálogo sin utilizar las amenazas o los puños.
Excluir el castigo físico como elemento constituyente de la crianza, puesto que le indicará a los hijos que es aceptable pegarle a otro para resolver los problemas y que las acciones violentas constituyen una forma apropiada de relación entre las personas.
Prevenir y tratar de disminuir el exceso de exposición a la violencia a que están sometidos los niños por los medios de comunicación.
Enseñar a los hijos que es mucho más importante y valioso para sus vidas el resistirse a la violencia, que aceptarla.
Esperamos que estos conceptos contribuyan al enriquecimiento de la capacidad de padres, hijos y educadores para relacionarse entre sí y con las personas a su alrededor en un contexto no violento y enriquecedor de su calidad de vida.
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