|
Educación
Página: 12b
Emerson es un campeón, le dice la profesora, mientras sonríe y muestra el plato casi vacío. Lo primero que hacen los niños a las ocho de la mañana, cuando llegan al jardín infantil La Casita, es alimentarse.
Luisa Fernanda, una normalista superior del Quindío, cuida los 23 niños, algunos de los cuales no muestran mucho interés por comer y les dice que saquen el hilo para coser los labios, haciendo la mímica con sus manos, para que guarden silencio unos segundos siquiera.
En un rincón de la comuna 13, en el 20 de Julio-La Colina, de donde se aprecian no muy lejos las colonias de Belencito, está el hogar infantil que maneja la Fundación Nazaret.
Allí, en una edificación de varios niveles, 95 niños tienen su primer contacto con el mundo educativo.
No muestran la agresividad ni el nerviosismo que presentaban hace unos años, cuando la situación en la zona era de pura zozobra, cuenta Sandra Yasmín Chaín, una docente con una década en el hogar, mientras comienza actividades en uno de los salones del segundo piso. Los pequeños, sentados, siguen sus indicaciones.
En el jardín las actividades van de 7 a 12 para unos, hasta las 4 para otros y una segunda jornada comienza a las 12 y termina a las 5 de la tarde.
Por la empinada calle que pasa frente al hogar, situado casi en la cima de la loma, caminan, mientras el sol se asoma, muchas mujeres. Varios niños son hijos de madres cabeza de familia, a las que la situación económica ha enviado a casa.
El centro presta el servicio de educación formal, según las exigencias y lineamientos de la Secretaría de Educación. Ante tantos niños en el sector, una idea es ampliar la cobertura en 50 cupos o más, pero se requieren recursos, cuenta la coordinadora académica, Adriana Cardona Londoño, luego de atender a Verónica, Daniela y Salomé, tres jóvenes del colegio de la UPB que quieren realizar allí su Proyecto de Nueva Sociedad que deben cumplir las alumnas de grado 11 en un sector vulnerable de la ciudad.
Mariadelaida Zuluaga Sánchez, directora ejecutiva de Nazaret, expresa que además de que los niños tienen un lugar al cual asistir durante el día, tanto a recibir las clases como a alimentarse, en el jardín infantil se llevan a cabo procesos complementarios de Psicología, Nutrición y Fonoaudiología, dirigidos por profesionales de cada especialidad, involucrando también a los padres de los niños (a través de escuelas de padres y de consultas individuales) con el fin de que sea un proceso que involucre a todos los miembros de la familia.
El jardín está abierto a todo el que desee colaborar. Tienen brigadas de salud oral con los estudiantes de la Universidad Cooperativa y acuden estudiantes de otras universidades. Del Tecnológico de Antioquia asisten practicantes de la licenciatura en educación.
Adriana cree que además de brindar educación, "debería existir una acción conjunta para el desarrollo integral de las familias, además de fomentar el empleo, con el fin de mejorar la situación general del barrio y forjar un mejor futuro para los niños".
La intención es gestionar la colaboración de personas y empresas, que permitan la ampliación de la sede del jardín, que hace 28 años desarrolla su tarea educativa. El jardín posee un plan padrino para quienes deseen apoyar a estos niños.
Apoyo para los pequeños de la fundación
La Fundación Nazaret, que maneja el jardín infantil La Casita, recibe colaboraciones para crecer la planta física y mejorar sus servicios. Su correo electrónico es casanazaret@une.net.co. El jardín posee un plan padrino para personas o empresas que deseen vincularse.
El jardín del 20 de julio, Jardín infantil La Casita, Secretaría de Educación, Fundación Nazaret, atención a la priemra infancia |