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Opinión
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Andrés Felipe Arias*
La educación es mucho más que el conocimiento de un ser humano. Es la llave que desencadena la acción o movimiento en ese ser humano hacia su propio progreso. La educación inicia la acción, que se transforma en mejores puestos de trabajo, más oportunidades de emprendimiento y mayores niveles de ingreso. La educación produce esa acción que se traduce en menos desigualdades sociales. Es en la educación en donde debemos concentrar el mayor esfuerzo de los próximos años.
En educación básica y media es preciso mejorar la calidad. Se requieren varias medidas. La primera tiene que ver con los incentivos a los maestros: un nuevo esquema de remuneración que premie la excelencia y vincule el ascenso en el escalafón al desempeño de niños y niñas, incluido su bilingüismo. La segunda es sostener un programa de orden nacional, financiable vía Sistema General de Participaciones, para construir y operar colegios de élite en las zonas más pobres de Colombia. Los niños de estas zonas, de manera gratuita, deben recibir la misma educación de los más afortunados.
La tercera es una mayor inversión en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC): 100 por ciento de los niños con acceso a la red. Esto es, conectividad y dotación de computadores hasta en la escuela más remota del país. Y la cuarta es comenzar los ciclos educativos desde que los niños son bebés: Madres Comunitarias del ICBF con apoyo de tutores para proveer estimulación temprana a los más chiquitos en los barrios y regiones pobres de Colombia. Pero, además, ir transformando los Hogares Comunitarios en Jardines Integrales: Madres Comunitarias más capacitadas, mejor remuneradas y con buena dotación de material pedagógico para dar a los bebés más pobres estimulación y cuidado integral.
En educación superior, el problema urgente es cobertura. De los 630.000 bachilleres que el año pasado se graduaron en Colombia, sólo 370.000 entraron a la educación superior: una cobertura inicial de 59 por ciento. Inicial porque la tasa de deserción es cercana al 50 por ciento. Así las cosas, sólo 30 por ciento de nuestros bachilleres alcanza a terminar la educación superior. Esto es muy grave, si tenemos en cuenta que el otro 70 por ciento probablemente termina buscando un puesto de trabajo en el mercado de mano de obra no calificada. Y probablemente sin mucho éxito, por la congestión en dicho mercado.
Por ende, se debe crear un sistema de becas que permita a 200.000 bachilleres de los estratos 1, 2 y 3 estudiar la educación técnica o tecnológica, en la universidad pública o en la privada. Hay que adicionar un estipendio monetario a los más pobres de todos (a cambio de trabajo comunitario o en la misma universidad) para que no deserten por la pobreza.
¿Por qué técnica o tecnológica? Primero, porque es lo que está demandando el aparato productivo de nuestro país. Segundo, porque facilita el éxito del emprendimiento. Tercero, porque el técnico o tecnólogo eventualmente puede completar su formación profesional vía ciclos propedéuticos. Con este sistema llevaríamos la cobertura de la educación superior a 90 por ciento, de una manera justa, financiable y práctica. Pero, además, estaríamos reduciendo el desempleo en un punto adicional por año.
Este esfuerzo en educación superior debe complementarse con una mayor inversión en ciencia y tecnología: por lo menos 1 por ciento del PIB. Esta inversión no debe ser a dedo sino a través de fondos concursales: universidades y centros de investigación presentan propuestas de investigación y un panel de expertos asigna los recursos con agilidad. Estos fondos concursales, además, permiten apalancar recursos adicionales provenientes del sector privado y de donantes internacionales.
Sólo con más y mejor educación podremos desencadenar el movimiento y la acción hacia un país más equitativo, menos pobre, más desarrollado, con mejores empleos y menos desigualdad social. Esto es la educa-acción. Esfuerzo educa-activo que demandará recursos. Pero financiable, haciendo más eficientes otros programas, recortando lo que no es prioritario y redistribuyendo ingresos públicos, incluidas las regalías. Y resultados educa-activos que no serán de un día para otro. Pero que se verán en el país que entregaremos a nuestros hijos.
* Precandidato presidencial por el Partido Conservador
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