Fecha de publicación: Lunes, 04 de Mayo de 2009
Medio que publica: El Tiempo

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Opinión
Autoría: Sin firmar
Libertad al evaluar. Por: Carlos A. Hernández García

Opinión
Página: 1-14
Carlos A. Hernández García

A propósito de la evaluación escolar

Mucha discusión se produce cuando se habla de la forma de evaluar al estudiante. Unos defienden los números; otros, las letras. En algún momento, uno de los gobiernos anteriores quiso imponer la evaluación por logros; para mí, personalmente, esta fue la época de oro para la evaluación. Me satisfacía detectar logros en mis estudiantes, aspectos significativos de su actividad hacia un crecimiento personal, que muchas veces no significaba tener éxito en la matemática, materia que me correspondía dictar. La experiencia me había enseñado que la matemática, como tal y sobre todo la matemática avanzada, resultaba inoficiosa para muchos. También, que la exigencia de la misma se convierte en algo quijotesco, mientras las bases para entender determinado tema no sean las adecuadas. Legué incluso a considerar que el estudio de determinada asignatura no debe constituir ningún fin, sino más bien ser una herramienta para acercarse a algo muy personal, que solo cada uno puede determinar o, a veces, sencillamente, aceptar. Algo que podemos generalizar como defenderse en la vida, mediante el buen desempeño en una profesión.

Admito que no debe ser lo mismo la evaluación en primaria que en secundaria; en primaria, los números o las letras para calificar pueden convertirse en algo lúdico, algo que gusta al niño. Muchos profesores pueden encontrarle más justicia a la exactitud sugerida por el número; otros, encontrar que las letras son mucho mas humanas y, en fin, algunos tener dificultad para detectar logros.

A mi modo de ver, para los informes que periódicamente se entregan a los padres de familia debe existir libertad para que cada establecimiento opte por un sistema que, de común acuerdo, satisfaga los criterios generales de la comunidad, pero para la promoción, al final del año, se impone una forma de calificación diferente, donde los casos de alumnos ('alumno' significa carente de luz), destinados a perder el año, sean considerados por todos los profesores, quienes en ese momento pueden hacer notar los logros que han detectado en sus estudiantes; logros que los pueden hacer merecedores a pasar de un curso al siguiente, a pesar de no haber obtenido el 6 o la B en determinada materia.

Sobra decir que cualquiera que sea la forma de evaluación, el profesor debe estar siempre atento a los logros de su estudiante y que los diferentes establecimientos educativos deben ser capaces de traducir su propia forma de evaluar a la internacionalmente exigida.

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