Fecha de publicación:Domingo, 23 de Noviembre de 2008
Medio que publica:El Periódico
Sección:Columnas opinión
Género periodístico:Noticia
Autoría:Columnista
La pirámide invertida de valores éticos por Edgar Papamija


Opinión
Página: 11ª
Autor: Edgar Papamija

Las manifestaciones y los comportamientos de una sociedad desde el punto de vista intelectual, religioso, artístico, moral, material, etc., constituyen los elementos que a la luz de la historia la identifican o mejor la singularizan hasta el grado de identificarla como una cultura, con cualidades y defectos, con valores y antivalores; pero siempre con fuerza, con vitalidad y no pocas veces con violencia. Los pueblos llanos y conformes no escriben la historia ni dejan huella indeleble que trascienda en el tiempo. Un trasegar molondro no constituye una cultura.

Los últimos acontecimientos de la vida nacional, paradójicamente asociados al año de la rata en el calendario chino, son desafortunadas manifestaciones de una sociedad que invirtió la verdadera pirámide de los valores éticos generando una auténtica subcultura. El enriquecimiento fácil y rápido; el desprecio por la vida; la violación de los derechos humanos; la violencia irracional contra la mujer y la niñez; el desconocimiento de los derechos del prójimo; en fin tantas y tantas muestras de irracionalidad y de descomposición social, no son una expresión casual o fortuita.

Históricamente somos un pueblo que mira hacia dentro con poca o ninguna capacidad para situarnos en el contexto de lo macro. Ni siquiera conquistamos el mar a pesar de tener dos costas. Los mares liberan los espíritus y los invitan a soñar. Nos encerramos en nuestro entorno y la globalización nos sorprendió como al "Tíbet de Latinoamérica" según la acertada definición del ex presidente López.

Hoy seguimos en lo mismo: prisioneros en el remolino infinito de nuestra historia circular. A veces llegamos ingenuamente a creer que somos un pueblo predestinado y otras veces pasamos al extremo de sentirnos parte de la escoria. Definitivamente no nos conocemos y por ende no hemos afianzado nuestra propia identidad. En estas horas de crisis buscamos el muerto "río arriba" y somos incapaces de identificar nuestras falencias.

No hemos tenido el valor de hurgar el alma y desnudar nuestro espíritu. El ex presidente Gaviria reunió los sabios de la tribu y con Perogrullo se pusieron de acuerdo en el diágnóstico: la EDUCACION es el elíxir de los pueblos. Desafortunadamente nadie les "paró bolas".

Necio ocultar que no estamos educando. La cultura de los "sapos"; el todo se puede; el todo tiene un precio; el acaben con esos tipos; el paguen por esa mano; el no renuncio porque el malo es mi hermano; el no me voy porque no me han comprobado nada; el yo defino quien es bueno y quien es malo; en fin, esos mensajes constituyen normas que envenenan la mente colectiva y hacen metástasis en la sociedad generando gangrenas intratables.

Cecilia Vélez, nuestra Ministra de Educación, ha logrado posicionar una buena imagen en medio de la reconocida medianía del equipo ministerial. Desafortunadamente para ella, los resultados no la favorecen. La evaluación de la educación media, según las pruebas del Icfes, muestra que se está impartiendo una educación que no consulta al individuo, que no construye tejido social, que no mejora la juventud, que la capacita mediocremente y que elitizó el acceso al conocimiento. Los maestros del sector público llevan la peor parte. De quinientos colegios de bachillerato, catalogados entre los mejores, sólo seis son oficiales.

La fiebre no está en las sábanas. La educación necesita una reingeniería total. El pensum no está orientado a formar nuestra juventud. Se siguen anunciando reformas para combatir el escalofriante índice de embarazos de adolescentes. El sistema de evaluación fracasó. La elección de rectores en la universidad pública entronizó la politiquería en los claustros. Seguimos aplaudiendo a nuestra Ministra? o mejor la invitamos a "bajarse de la nube".

Los países del orbe que han encontrado las vías del progreso, lo han hecho fortaleciendo la inversión en educación y apostándole a la máxima del siglo veintiuno: tendrá riqueza y poder quien tenga el conocimiento. No bastan los giros poéticos que sustituyen armas con instrumentos musicales, si no moldeamos el corazón y el espíritu de nuestros hombres y mujeres en el crisol de la educación. Los hechos nos están atropellando. Ojalá no lleguemos otra vez tarde a esta inaplazable cita con la historia.

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