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Opinión
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Gran satisfacción he sentido y debemos sentir todos los antioqueños con la noticia reciente sobre los muy buenos resultados obtenidos por estudiantes de nuestro departamento en el último Examen de Calidad de la Educación Superior (Ecaes). Y mayor fue mi satisfacción -para mí fue real emoción- al establecer que la mayoría de ellos son de nuestra Universidad de Antioquia. La universidad donde me formé, la universidad a la que puede acceder nuestra población de recursos medios y bajos y, crecientemente, a la que pueden acceder también los jóvenes de regiones apartadas de Medellín, sin necesidad de trasladarse a vivir en el Valle de Aburrá.
Es que, verdad de Perogrullo, la educación, sin que sea suficiente, sí es condición absolutamente necesaria para el desarrollo económico y social. No hay en el mundo un solo país, ni una sola región ni población donde convivan un elevado nivel de vida, ni siquiera un nivel tal que pueda decirse que ya no tiene Necesidades Básicas Insatisfechas, con un bajo nivel de educación. Y, visto al revés, no hay sitio en el mundo, poblado por gente ignorante, que no sea dolorosamente pobre.
Lo mismo puede observarse con ya lo había dicho hace algunos años- los resultados de la acción y la intervención del Banco Mundial. En sus primeros años, dedicados a la reconstrucción de los países devastados por la Segunda Guerra Mundial, sus resultados fueron fantásticos. Sencillamente porque bastó con poner recursos y orientación, en manos de gente culta, y el desarrollo fue veloz. En cambio, terminada esa tarea y reorientada su actividad al desarrollo de los países más atrasados del planeta, aprovechando la experiencia adquirida y llevando ingentes recursos de capital y apoyo técnico para el desarrollo físico, cuando realizó el mismo Banco una evaluación de su trabajo a los cincuenta años de fundado, tuvo que reconocer que los resultados habían sido muy precarios. Por eso en la última década ha dirigido sus esfuerzos prioritariamente a la inversión social.
En la práctica tenemos también demostraciones clarísimas de países que han dado a la educación la máxima prioridad en la dedicación de sus recursos y han logrado elevados niveles de desarrollo en cortísimo tiempo. Los más mencionados corrientemente son los casos de Corea del Sur y los otros "tigres asiáticos". Y por estos días, Andrés Oppenheimer nos trae a Finlandia como ejemplo para Latinoamérica, escrito del que me pego porque es bien ilustrativo y demostrativo. Dice que ese pequeño país, con solo 5.3 millones de habitantes y que hace apenas 20 años era el más pobre del norte de Europa, ocupa hoy el primer puesto entre los países menos corruptos del mundo, el primero entre los más democráticos, y también el primero en los exámenes internacionales de ciencia realizados por estudiantes de 15 años. Agrega que Finlandia está entre las diez economías más competitivas del mundo, que allí tienen su sede Nokia la empresa más grande de celulares de todo el planeta- y las más innovadoras en producción de pulpa y papel.
Pero lo importante del tema es cómo han logrado tan claros avances. Según le explicó a Oppenheimer la presidenta de ese país, educación, educación y educación, fue la clave, invirtiendo proporcionalmente más que cualquier otro en la creación de un buen sistema educativo gratuito. Y para ello, un excelente nivel de capacitación de los maestros de primaria. Exigen al menos una maestría para enseñar en primaria y una licenciatura para hacerlo en kínder. Eso cuesta un dineral, pero es la inversión que mayores retornos da. Si con los esfuerzos que hemos hecho estamos logrando buenos Ecaes, ¿cómo sería la cosa imitando un poquito lo que hacen en Finlandia? Primero que en cualquier otra cosa, nuestros recursos los deberíamos invertir en eso: en educar, educar y educar.
ECAES Antioquia, Universidad de Antioquia |