Fecha de publicación: Miércoles, 06 de Agosto de 2008
Medio que publica: El Periódico

Sección: Columnas opinión
Genero periodístico: Noticia
Autoría: Sin firmar
Invertir en educación clave del éxito. Por: Carmen Eugenia Ruano

Opinión
Página 4a
Carmen Eugenia Ruano

Chile acaba de hacer una cosa formidable. Creó un fondo educativo de 6.000 millones de dólares, suma que saldrá de los intereses de un fondo de estabilización de los precios del cobre que mantiene en el exterior, muy similar a nuestro FAEP (Fondo de Estabilización Petrolera).

Uno y otro esterilizan las divisas provenientes de los precios que han alcanzado las bonanzas sostenidas del cobre y el petróleo, para evitar que ambos países, enfrenten el riesgo de padecer la conocida enfermedad holandesa, que se produce por un exceso de disponibilidad monetaria y, que aviva peligrosamente la inflación.

La característica maravillosa del Fondo Chileno está en su objetivo, que es el de constituir becas para que 6000 estudiantes vayan a las mejores universidades del mundo a adquirir conocimientos especializados, a empaparse de tecnología de punta y a exponerse a la globalización.

Chile ha sido pionero en la compresión del mundo globalizado. Ensayó antes y con mayor radicalidad que el resto de las naciones latinoamericanas, un proceso de apertura a los mercados internacionales y se lanzó a firmar tratados de libre comercio con Europa y los países de Asia Pacífico. Desmontó los sistemas públicos de seguridad social, basados en la solidaridad intergeneracional y creó grandes fondos privados de pensiones, que hoy se cuentan entre los más grandes inversionistas del Continente.

Desde la dictadura de Pinochet, de signo ferozmente derechista, hasta el socialismo de Bachelet, el manejo macroeconómico y monetario ha marchado tercamente por la senda de la ortodoxia. En el largo plazo, Chile ha cosechado buenos resultados, que se reflejan en índices sostenidos de crecimiento y, en la reputación de contar con una economía estable y segura jurídicamente, que ofrece garantías y atrae capital extranjero.

Ahora se vuelca hacia el factor decisivo de éxito en la sociedad del conocimiento e informatizada de nuestros días, cuya riqueza mayor está en el acopio de ciencia e innovación y en la capacidad de utilizarlo provechosamente mediante comunicaciones de alta velocidad.

No hay duda de que la inversión más rentable y productiva, la que ha hecho posibles milagros económicos como los de los dragones asiáticos, Corea, Irlanda, India, Japón o China, es la inversión en educación.

Colombia está muy lejos de la excelencia en materia educativa. Estamos fallando desde los niveles de primaria hasta la Universidad. Las falencias son de carácter cualitativo y cuantitativo. No sólo egresan de nuestros centros de educación superior muchos menos profesionales de cuantos serían deseables, sino, que los que llegan al final de sus carreras, no están suficientemente preparados para asumir los retos que plantea un mundo globalizado y en vertiginoso proceso de cambio.

No tenemos suficientes egresados en ciencias básicas, en ingenierías, ni en matemáticas aplicadas. No existe una relación visceral entre las expectativas y posibilidades de desarrollo del país y las carreras que ofrecen nuestras universidades. El desarrollo empresarial va por un lado y la oferta curricular por otro.

Esto se refleja en la ubicación de Colombia en el ranking de competitividad internacional, que, según Patricia Esguerra y Juan Perfetti, de la Universidad de los Andes, en aspectos institucionales: descendió 12 puestos. En infraestructura perdimos 10 puestos, en eficiencia en el mercado, igual, bajamos 10 puestos. En sofisticación de los negocios estamos 16 puestos más abajo. En innovación descendimos 14 puntos. En Competitividad Global, mientras Chile ocupa el puesto 26, Colombia está relegada al 89. En educación superior la brecha es abismal.

La experiencia está demostrando que únicamente naciones, empresas y particulares capaces de asimilar las nuevas herramientas tecnológicas, experimentarán un extraordinario crecimiento de la productividad,.imaginación, flexibilidad, rigurosa formación académica, capacidad de adaptarse, son las claves del éxito hoy.

Por eso resulta tan atrayente una iniciativa como la del Fondo Estudiantil Chileno, que sin ningún reato de conciencia podríamos replicar, con la seguridad de que estaríamos, al fin, sembrando los recursos de una bonanza, que dará extraordinarios frutos en el futuro inmediato.

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