Fecha de publicación: Martes, 12 de Febrero de 2008
Medio que publica: El Colombiano de Medellín

Sección: Cultura y arte
Genero periodístico: Reportaje
Autoría: Firmada por el periodista
Maureen lleva a "sus hijos" en el corazón

Vida y Cultura
Página 3D
Carmen Alicia Gutiérrez Remolina

A Maureen Orth Medellín le cambió la vida hace más de 40 años y ella lo retribuyó con creces.

Hoy la Institución Educativa Marina Orth, primera escuela pública con énfasis en bilingüismo y tecnología e informática de Colombia, que ella fundó, le está cambiando la vida a 350 niños al forjarles un mejor futuro.

Maureen vivió en Belén Las Violetas cuando tenía 21 años, y durante los años que ella considera los más importantes de su vida, participó en el alcantarillado de la zona, en proyectos de acción comunal y fundó la institución por petición de la comunidad.

En un principio solo tenía dos aulas y 35 alumnos y poco a poco fue creciendo. En el año 2004 el entonces Secretario de Educación de la ciudad le solicitó convertir la escuela en una institución piloto de bilingüismo y tecnología que espera ser modelo para toda Colombia.

Recogiendo el fruto

Cuando Maureen afirma: "en mi mente yo soy cuerpo de paz de nuevo", y se observa la obra que ha hecho y el amor con la que la sostiene, es fácil saber de que está hablando.

Su aporte no se quedó en el mero sueño de una joven de conocer el tercer mundo.

La institución cada día crece más, el año pasado la visitó cuatro veces, consigue donaciones de empresarios importantes de Estados Unidos que aportan computadores y textos en inglés, que nutren la biblioteca que ya cuenta con más de 400 libros en ese idioma.

Aprovechando la invitación que la embajadora de Colombia en Estados Unidos, Carolina Barco, les hizo a los ex cuerpos de paz para reunirse en Cartagena, Maureen y 12 compañeros más visitaron la Medellín que habitaron o conocieron hace ya muchos años.

Dentro de la agenda que tuvieron este fin de semana Maureen los invitó a conocer la escuela. Fue tal el descreste de estos norteamericanos que no se avergonzaban en afirmar, como lo hizo Ned Chalker, "Eavemaría, esto es magnífico, estoy llorando".

Para Marta Lili Hernández, profesora de inglés, desde preescolar hasta quinto de primaria, la oportunidad de estos pequeños es única en la ciudad.

"Los otros niños no tienen tantas posibilidades como estos niños. Cuentan con unas aulas de tecnología muy bien dotadas, una escuela donde reciben mucha ayuda y la posibilidad de aprender otro idioma", dice Hernández.

Este fue el aporte de esta ex Cuerpo de Paz, y su recompensa es la alegría de estos pequeños que los recibían con entusiasmo. La primera promoción de los "hijos de Maureen", como ella los llama, fue en el año 2006 y en el 2007 fue la primera graduación de adultos, que estudiando los sábados también se beneficiaron de la institución.

Volver a Colombia

Del 4 al 7 de febrero pasado, 170 ex Cuerpos de Paz regresaron a Colombia para la reunión en Cartagena, que tenía como propósito retomar el contacto con el país y explorar nuevas posibilidades de ayuda.

Junto con Maureen, Mary Ray, Mike Ray, Joseph Shober, Howard Ellegant, Byron Hopewell, George Wilson, Joseph Shober, María Fernanda Hadrava Cheble, Luz A. Hopewell, Beverly Chalker, Ned Chalker y Martín Acevedo aprovecharon para volver a Medellín.

Estas personas contribuyeron con su granito de arena en zonas vulnerables, se relacionaron con la gente del sector e hicieron, cada uno a su manera, un país mejor.

Algunos de ellos se casaron con colombianos y se radicaron en el país, otros han regresado varias veces desde entonces y los que no lo hicieron, aseguran que atesoran esos años y sienten un inmenso cariño por estas tierras.

Como Ned Chalker, quien estuvo en Titiribí en 1961 y ayudó en la construcción de una escuela en una mina. Por Google Earth visita con cierta frecuencia esta zona y así ha sido testigo de su progreso.

Howard Ellegant, quien llegó en 1964 a Ebejicó, en donde vivió tres meses y se acopló a los antioqueños y su lengua.

De allí se trasladó a barrio Antioquia, Medellín, en donde vivió hasta 1966. Este arquitecto contribuyó con el diseño de escuelas rurales, como la de Yalí.

George Wilson trabajó en Tubará, Atlántico, y allí ayudó cuerpo a cuerpo con la comunidad.

Todos coinciden en que a su regreso no reconocen a Medellín: la ciudad es muy distinta a la que dejaron hace muchos años; se le nota el cambio y el progreso. Y se sintieron tan felices de volver a una tierra que los acogió tan bien, que muchos de ellos se fueron contemplando la idea de volver a tenderle esa mano amiga a la comunidad colombiana.

 

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