Huelga de hambre, camino a la muerte

Miércoles, 12 de Mayo de 2010

Bogotá D.C., may. 12 - Agencia de Noticias UN- Las huelgas de hambre, caballito de batalla de protestas políticas, no son un juego; "causan efectos neurológicos irreversibles sobre el organismo y conducen a la muerte", explica experta.

Robinson Alexánder Devia, candidato a la Presidencia de Colombia por el movimiento la Voz de la Conciencia, volvió a poner el tema sobre la mesa el pasado lunes 10 de mayo, cuando se declaró en huelga de hambre argumentando que no tiene "garantías electorales" ni "equidad informativa".

Sin embargo, el mundo entero permanece en vilo frente a otro caso mucho más crítico, el de Guillermo Fariñas, periodista cubano de 48 años, disidente del régimen castrista, quien se declaró en huelga el pasado mes de febrero para exigir la libertad de 26 presos políticos enfermos y protestar por la muerte de otro disidente, Orlando Zapata, quien murió luego de 85 días de huelga de hambre en prisión.

Magda Gamba, nutricionista y magíster en Fisiología de la Universidad Nacional, hace un recuento claro del proceso que sufre el organismo cuando entra en un periodo de ayuno y explica sus consecuencias.

Lo primer que hay que explicar es que el organismo está compuesto por diversos constituyentes como las proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales que se almacenan en órganos y tejidos. Este almacenamiento permite al organismo adaptarse temporalmente a situaciones en las cuales no cuenta con alimento.

"Cuando entramos en un periodo de ayuno, este puede dividirse en dos fases: temprana y prolongada. Durante las primeras 24 horas de ayuno se consumen las reservas de glucosa que se encuentran en el hígado. Posteriormente, durante los dos siguientes días de ayuno, se utilizan las reservas de proteína corporal que provienen de nuestros músculos; en este caso el hígado transforma las proteínas en glucosa para continuar proveyendo de este combustible al organismo, pero principalmente al cerebro", relata la investigadora.

Hacia el tercer o cuarto día de ayuno se empiezan a utilizar las reservas de grasa corporal que se encuentran en el tejido adiposo, el cual se ubica generalmente debajo de la piel y recubriendo diferentes órganos. Nuevamente, el hígado interviene y transforma las grasas en un nuevo tipo de combustible para el organismo, conocido como cuerpos cetógenos.

"Los cuerpos cetógenos son ácidos grasos que se forman de la destrucción de las capas de grasa y sirven como combustible, sin embargo, después de cierto periodo de tiempo, causan daños al sistema nervioso. El organismo los usa para obtener energía, de hecho, aportan un 10 a 20% de la energía utilizada por el cerebro", afirma la nutricionista.

Gamba explica que el cuarto día de ayuno marca el inicio de la fase prolongada y durante la primera semana de esta fase aumenta considerablemente la producción de cuerpos cetógenos, es entonces cuando se manifiestan signos de carencia de vitaminas por agotamiento de sus reservas.

Durante las siguientes semanas, el cerebro se hace dependiente de los cuerpos cetógenos para su funcionamiento, el resto del organismo procura consumir la mínima cantidad de energía de diversas formas: disminuye el consumo de oxígeno, disminuye la velocidad con la que funciona, por lo cual en esta fase, pasaríamos la mayor parte del tiempo en reposo o durmiendo.

"Viviendo de esta forma y siempre y cuando se aporte agua al organismo, un individuo saludable y con un estado nutricional adecuado podría vivir aproximadamente 30 a 50 días", explica la experta.

Fariñas bordea los 70 días en huelga de hambre. Cuando se ha consumido cerca del 50% del contenido de proteína del organismo sobreviene la muerte.

Generalmente los individuos que se someten a periodos prolongados de ayuno presentan deterioro de la función gastrointestinal, en primer lugar por atrofia de estos órganos, pero el asunto no para allí; el sistema inmune se debilita pues este requiere proteínas, vitaminas y minerales para mantenerse y brindar una adecuada respuesta de defensa en el organismo, también sufre la función respiratoria y cardiaca que se deteriora por consumo de estos músculos para el aporte de proteína como fuente de energía y el cerebro presenta deterioro de sus funciones cognitivas.

"Debido al uso prolongado de cuerpos cetógenos es posible que permanezca cierto grado de deterioro neurológico, ya que las células del sistema nervioso no tienen la misma capacidad de regeneración que las células de los otros órganos y tejidos afectados", concluye la nutricionista.

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