Universidad UMB lidera estudio de factibilidad para crear el primer laboratorio experimental forense en Colombia

Martes, 26 de Enero de 2010

El primer laboratorio experimental forense de Colombia sería, tal y como sucede en Estados Unidos con el conocido 'Anthropological Research Facility' o más conocido como Body Farm, un centro de investigación que contribuya al esclarecimiento de crímenes.

  • En una escena de crimen factores como la posición del cuerpo, el clima, la flora y la fauna inciden en la estimación de tiempo de muerte. En Colombia esos datos son escasos. Por eso la ciencia al servicio de la justicia reclama investigaciones más profundas.
  • El primer laboratorio experimental forense de Colombia sería, tal y como sucede en Estados Unidos con el conocido 'Anthropological Research Facility' o más conocido como Body Farm, un centro de investigación que contribuya al esclarecimiento de crímenes.

Los insectos ayudan a determinar el tiempo de muerte en la escena del crimen. Hasta contribuyen con la justicia en el esclarecimiento de la verdad. De esta manera, los entomólogos forenses y los investigadores criminales se convierten en pieza clave. De ahí que la justicia en Colombia reclame investigaciones detalladas que den datos exactos tras el análisis de muestras encontradas en una escena de crimen.

Múltiples factores como la posición del cuerpo, el clima, la flora y la fauna inciden en esa estimación de tiempo de muerte. Más aún en un país tan diverso como Colombia.

En muchos países del mundo, los estudios sobre entomología forense son amplios y utilizan esta ciencia como herramienta legal. Sin embargo, en Colombia el trabajo aún es escaso y faltan investigaciones que enriquezcan y fortalezcan esta ciencia.

Los objetivos principales de la entomología forense son: determinar el 'intervalo post mortem' a través del estudio de la fauna cadavérica, establecer hace cuánto tiempo ocurrió la muerte y verificar si un cadáver ha sido trasladado.

"También se puede determinar si hay sustancias tóxicas en el organismo, pues las muestras descompuestas no las puede analizar el departamento de toxicología, pero si el insecto se ha alimentado de ese cuerpo también ha consumido esa sustancia", asegura Ginna Camacho, docente investigadora de la Tecnología en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán.

Los investigadores en criminalística, en su acta de inspección, anotan muy bien cómo estaba el cadáver, si había ventanas abiertas o árboles, o si era un lugar cerrado, si había insectos en la casa o estaba el aire acondicionado encendido. Ellos recolectan lo que puedan recolectar en la escena. No pueden manipular el cadáver ni enviar insectos vivos, pero si pueden recolectar insectos en alcohol.

"Con ello se puede demostrar cómo las evidencias junto con la ventana de muerte, que es el tiempo en que un testigo dice yo vi a esta persona viva hace tantos días, puede ayudar a corroborar esa información o a desmentirla, porque los insectos no pueden crecer a los días o en el tiempo que la persona esta diciendo", señala Ginna Camacho, de la UMB.

El grupo de animales más abundante del mundo son los insectos con cerca de un millón de especies descritas. Muchas especies de moscas y escarabajos son atraídos por los cadáveres, donde se alimentan, viven y crían dependiendo de sus preferencias biológicas y del estado de descomposición.

"En Colombia seguimos trabajando en hacer curvas de crecimiento usando como biomodelo el cerdo. Depende la temperatura y la humedad en la que el insecto se desarrolla, así mismo determinamos el tiempo de muerte. En alguna medida parte de Bogotá y Cundinamarca lo conocemos, pero es necesario hacer más trabajos de investigación", señala Ginna Camacho, docente investigadora de la Tecnología en Investigación Criminal, de la Universidad Manuela Beltrán.

Una vez conocido el informe, Apolinar quedó libre", aseguró Francisco León, monitor de Proyecto Inocencia, de la Universidad Manuela Beltrán.

Según la docente de la UMB, "Bogotá tiene una cantidad de microclimas que afectan. No es lo mismo un cuerpo en descomposición en Ciudad Bolívar que en el Parque Nacional, porque la vegetación hace un efecto de sombra y más humedad relativa".

"En Ciudad Bolívar, en un campo abierto o en un río las condiciones cambian, pues hasta la fauna acuática es diferente a la terrestre", señala.

Ante la necesidad de investigaciones de este tipo en Colombia, Ginna Camacho se dio a la tarea de liderar un trabajo de investigación con la Universidad Manuela Beltrán, con el que busca analizar la viabilidad de implementar al servicio de la ciencia un laboratorio de investigación forense o centro de investigación de cuerpos cadavéricos.

"El biomodelo es el cerdo, pero nunca va a ser lo mismo estudiar la biodescomposicion en un cerdo que en un humano, estoy haciendo todo el análisis ético, científico y legal para mirar la factibilidad de proponer este proyecto", señala la docente investigadora.

Asegura, además, que un centro de investigación de este tipo contribuiría no solo a beneficiar una ciencia, sino toda la investigación científica y la investigación criminal: patología, antropología, entomología, geología.

La docente investigadora de la Universidad Manuela Beltrán, quien además labora como coordinadora del Laboratorio de Entomología Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal señala que es consciente de que el proyecto va a tener muchos detractores, pero piensa que la investigación lo necesita.

Una vez que pase la fase de factibilidad, su idea es proponerlo formalmente. Según ella, "va a tener mucha gente en contra, pero hay que hacer entender que es para el beneficio de la ciencia, la justicia y la sociedad".

"El cadáver se va a tener con la misma dignidad que se va a tener en una nevera o en un cementerio, solo que lo vamos a estar estudiando y observando para mejorar todos los estudios de patología, de descomposición, de entomología, qué insectos llegan", señala Ginna Camacho, docente investigadora UMB.

Hoy en el semillero de investigación que Camacho lidera en la Universidad Manuela Beltrán, el de Investigación Criminal, los estudiantes realizan sub-proyectos que colaboran con el proyecto general.

"Así ellos empiezan a conocer un proyecto de investigación aplicado. No es solamente escribir una monografía o cumplir un requisito de grado, sino mirar las implicaciones que tiene para la investigación criminal y para el crecimiento de la investigación forense", asegura la docente investigadora.

Para ella, es clara la importancia que tiene en un proceso judicial la adecuada recolección de muestras entomológicas en una escena, por ello inculca a sus alumnos la rigurosidad a la hora de preservarlas, cómo embalarlas y cómo guardar la cadena de custodia para que las evidencias no se vayan a desestimar luego en un juicio.

"Lo más importante es que ellos conozcan con qué grupo de insectos se puedan encontrar y qué hay que hacer con cada uno de esos grupos", asegura.

En este momento, diversas facultades adelantan investigaciones, pero hace falta unificar criterios para seguir los mismos lineamientos, porque se pueden hacer trabajos que a la larga no cumplen con el rigor científico y no se pueden aplicar a casos. Por ello, hay que tener una línea clara de acción que indique muy bien en sentido para el servicio forense.

El proyecto de análisis para la implementación de un laboratorio de investigación forense en Colombia, con todas sus implicaciones legales y éticas, liderado por la docente investigadora de la Universidad Manuela Beltrán, Ginna Camacho, está en su fase inicial y está proyectado que se concluya en dos años.

"Se debe buscar una zona amplia con posibilidad de adaptar varios ambientes, pero eso sería en otra de las fases del proyecto. Lo más difícil no es encontrar el terreno, sino la parte cultural en Colombia. Este semestre empezamos con la fase inicial de análisis de viabilidad", asegura Camacho.

Como este proyecto que sueña la mayoría de los investigadores en criminalística y entomólogos, funciona desde 1971 en Tennessee, Knoxville - Estados Unidos, el 'Anthropological Research Facility', más conocido como 'Body Farm' o 'Granja de Cadáveres', en donde 50 cuerpos están expuestos a diferentes condiciones ambientales para el estudio científico de la descomposición del cuerpo cadavérico.

El primer caso resuelto por la entomología forense

El primer documento sobre un caso resuelto por la entomología forense se remonta al siglo XIII y se encuentra en un manual chino de medicina legal, que refiere a un homicidio en el que apareció un labrador degollado por una hoz.

Se describe que el día después de la muerte, el investigador pidió a todos los labradores que pusieran su herramienta de trabajo (la hoz) en el piso. Trazas invisibles de sangre atrajeron moscas a una única hoz. Confrontado con la evidencia, el dueño de la hoz confesó su crimen.

El uso de insectos en la rama forense empezó a trabajarse como ciencia a mediados del siglo XIX. En el año 1850, Bergeret hizo la primera determinación del tiempo de muerte en un cadáver, basándose en el desarrollo de las larvas y pupas que contenía.

Este fue uno de los primeros casos en que la evidencia entomológica fue admitida en un tribunal de justicia para determinar el 'intervalo post mortem'.


¿Qué tienen en particular los insectos para ser usados en la ciencia forense?

Algunas moscas tienen características que las hacen únicas para ser utilizadas en la ciencia forense; la primera y más importante es su hábito alimenticio. Muchas de estas especies son necrófagas y se alimentan directamente de cadáveres en su estado larvario.

Otras características de las moscas están relacionadas con su morfología y fisiología, como la capacidad de detectar el olor emanado por un cadáver a kilómetros de distancia y el tamaño pequeño que les facilita el acceso a casi cualquier lugar, ya sea un sótano, el baúl de un carro o una habitación cerrada, logrando ser las primeras en hallar un cadáver.

Además, su capacidad de volar les permite desplazarse a grandes distancias en tiempos relativamente cortos.

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