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Tema Estrategico: Planes de mejoramiento y aprendizaje de experiencias exitosas

PUPITRES EN LA SALA DE LA CASA


    Páginas 1A Y 10A
    Educación

    Esta corriente, en auge en diferentes países, sigue ganando adeptos. La aceptación del colegio en el hogar no es unánime. Especialistas y padres de familia abren la polémica.

    Carolina Abad

    Manuela está cansada de dar explicaciones cuando le preguntan en qué colegio está. Sus amigos no entienden por qué, a sus doce años, ella no asiste a un colegio normal y, por el contario, estudia en su casa. Desde hace algún tiempo optó por decir que tiene un tutor, a secas. No cuenta que ese maestro es su papá, quien se ha dedicado a enseñarle.

    Sus dos hermanos también fueron desescolarizados durante la primaria e hicieron el bachillerato en la casa. Sebastián y Ricardo ingresaron a la universidad cuando apenas comenzaban la adolescencia. Estudian historia y música, respectivamente, en la Universidad Javeriana de Bogotá, y ahora también son tutores personales.

    Los Osorno Reyes hacen parte del homeschooling, una tendencia en auge en los Estados Unidos, Australia y Canadá. En Colombia no se conocen estadísticas, pero cada vez hay más padres de familia que deciden educar a sus hijos en casa. Las dudas sobre la calidad académica de los establecimientos tradicionales, la religión, la creencia de que la mejor educación es individualizada, el propósito de estrechar lazos familiares, el intento de atenuar la influencia negativa de los compañeros de estudio y la inquietud ante la inseguridad creciente en los colegios, son algunas de las motivaciones que los llevan a tomar esta decisión.

    "A mi sobrino lo calificaron de raro. Cuando llegó a hacer el examen de ingreso al colegio, en uno de los puntos había una mesa que tenía tres patas y le preguntaban qué le faltaba. El niño contestó que el florero y eso dio pie para que dijeran que algo le pasaba. ¿Por qué? ¿Es que acaso no hay mesas de tres patas? ¡Cómo truncan la creatividad en los colegios, cómo esperan respuestas ya formadas!", critica Pilar Reyes de Osorno, convencida de que acertó al dejarse persuadir de su esposo para retirar a los niños del colegio hace algunos años.

    Su historia comenzó desde cuando Germán Osorno era estudiante de bachillerato, "una experiencia absolutamente asfixiante". Siempre se preguntó si era esa la única manera de graduarse y tener la posibilidad de acceder a una universidad. Existía la validación, pero en ese entonces era sólo para mayores de 21 años, estaba lejos de poder acceder a ella. Cuando tuvo sus hijos, ya la cosa era diferente. No recuerda en qué "momento histórico" la validación fue aprobada para cualquier edad.

    Pilar no estaba de acuerdo, pero Germán no quería que sus hijos fueran a un colegio a "sufrir". Sin embargo, llegó el momento de matricularlos en una institución tradicional. Rápidamente vieron que su felicidad iba en picada y los profesores les decían que a los niños les sobraba tiempo. Fue entonces cuando los llevaron al colegio Alberto Merani, una institución para niños con un coeficiente intelectual mayor.

    "Evidentemente era otro modelo educativo y mis hijos eran más felices allí", dice Osorno, pero al mismo tiempo, él comenzó a trabajar en un proyecto educativo con un papá que había retirado a sus hijos del colegio. "Ahí empecé a probar cómo era trabajar con pelados que no estaban en el colegio y que tenían algunos problemas de comportamiento e incluso con drogas. Y entendí que mientras se les oiga, se sientan atendidos, se sientan personas, funcionan de maravilla".

    Un descubrimiento
    Si el resultado había sido exitoso con "pelados echados a perder", era obvio que una educación alternativa funcionaría con sus hijos, pensó Osorno. Fue durante un viaje de Pilar a Estados Unidos cuando su esposo los retiró del colegio. "Los niños necesitan olvidar rápido y por eso se adaptan a un colegio, sólo porque les toca. Es pura violencia dejar a un niño sufriendo en un lugar donde no quiere estar", asegura Osorno.

    La suerte estaba echada. Ya sus hijos estaban terminando primaria y Manuela, la menor, acababa de ingresar a preescolar. Con el comienzo del año, empezaron las clases, esta vez en el salón de la casa. "En los colegios se pierde mucho tiempo mientras todos los niños aprenden lo mismo. En el homeschooling cada niño aprende a su propia velocidad", explica.

    Y llega la pregunta de rigor: ¿cómo socializan los niños aislados en la casa? "En los colegios no hay socialización porque éstos se parecen cada vez más al patio de una cárcel donde hay una violencia entre los estudiantes que definitivamente no es mediada por los profesores".

    Por su creatividad
    Convencido de que los colegios quedaron mal inventados, el economista Eduardo Lora es otro de los padres que se inclinaron por el homeschooling para sus hijos. "Queríamos que los chicos pudieran desarrollar ante todo sus propias iniciativas y su talento creativo. En otras palabras, no queríamos que ningún colegio interfiriera en la educación de nuestros hijos".

    Sin embargo, aunque piensa que el nivel en la educación podría cambiarse si se le diera un espacio a la innovación curricular, pedagógica y administrativa de los colegios, está seguro de que éstos no pueden intentar replicar los métodos de la escuela en casa y de que ésta no es una solución adecuada para la mayoría de las familias.

    Su esposa, una profesional de la educación, se dedicó de lleno a sus hijos. Además de las clases con su mamá, tenían tutores de música, asistían a clases de gimnasia y natación, sembraban árboles y la acompañaban a las escuelas rurales que ella asesoraba. "Mi esposa dice que es la única experiencia profesional de la que se siente orgullosa. Para mí, siempre fue un placer verlos crecer felices y creativos", relata Lora.

    La antiescuela
    Según los especialistas, a pesar de los buenos resultados académicos de los niños que aprenden en casa, ellos requieren en los primeros años de su vida diversidad, y si se opta por este tipo de enseñanza, es más difícil conseguirla. "El niño necesita las experiencias que brinda su relación con sus pares en los colegios. Es una relación horizontal y se le estaría privando de un laboratorio social muy importante", sostiene la psicóloga y educadora Adriana Pérez de Sanín.

    Por su parte, el psicólogo Miguel de Zubiría, director científico de la Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual Alberto Merani, es enfático al asegurar que los colegios y las escuelas malgastan muchos años definitivos de la vida de los niños y jóvenes obligándolos a aprender gran cantidad de cosas y temas inútiles, pero, para él, la solución no está en desescolarizar a los hijos, sino en revisar radicalmente la estructura del sistema educativo, los propósitos de la educación actual y lo que les enseñan hoy en día.

    "Desescolarizar a un niño es sacarlo del mejor ambiente, del cual puede aprender las mejores cosas de la vida, que no son precisamente las que le enseñan sus profesores, sino las que podría aprender con sus compañeros, con sus amigos y con sus grupos. Por lo tanto el ambiente del hogar para un muchacho y mucho más para un adolescente resulta ser un ambiente absolutamente empobrecido desde esta perspectiva", dice de Zubiría.

    Para Adriana Pérez es en el reconocimiento de la otra persona cuando el niño forma su moralidad y su ética. "Es en el grupo donde se aprende qué es justo, qué no, qué está bien y qué no. Hasta dónde van los derechos y dónde empiezan los de los demás".

    No obstante, en la actualidad muchos padres prefieren educar a sus hijos en casa y matricularlos en otro tipo de actividades para compensar la falta de socialización en el hogar y de esta manera evitar los sufrimientos que conlleva la etapa del colegio. "Evitarles el dolor no los protege contra la depresión o la ansiedad, por el contrario, ayudarlos a afrontar los problemas que la vida trae es lo que los protege", puntualiza Pérez.

    En este tema, De Zubiría recurre a una de sus frases de batalla, dura, pero contundente: "Dele a su hijo una vida difícil". ¿Para qué? "Porque enseñar a los hijos a vivir bien, a llevar una vida amable, cariñosa, tranquila, sin necesidades, sin sobresaltos, lo puede hacer cualquiera, mientras que enseñarles lo difícil es la tarea de los mejores formadores. Por lo tanto son muy irresponsables los padres que les dan una ‘buena vida’ a sus hijos, porque los están formando para vivir en un mundo irreal".

    Un poco de historia
    El nombre de este movimiento popular en los Estados Unidos, que aboga por la educación de los hijos en el hogar, era lo habitual antes de que a partir del siglo XIX se empezara a imponer la escolarización obligatoria. La idea de la escolarización en casa se retomó a partir del libro de John Caldwell Holt, "How children fail" (Cómo fracasan los niños), donde exponía su tesis de que la escuela era en sí misma mala para la educación. El libro causó una gran polémica y fue secundado por otros autores como Ivan Illich, cuyo libro más aclamado fue "La sociedad desescolarizada" (1971), una crítica a la educación tal y como se lleva a cabo en las economías modernas.

    En Estados Unidos, más de un millón de niños son educados bajo este método; en Australia existen unos 15.000, en Canadá son entre 10.000 y 20.000, en Nueva Zelanda unos 7.000, y al menos 10.000 en Gran Bretaña.

    En Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos el movimiento es legal y muestra tendencia a crecer. Otros países, como Alemania y España, lo han prohibido. En general, salvo los países antes mencionados, el ‘homeschooling’ no está bien visto.