Cuento: El Anfiteatro
Autor: Diego Alejandro Bolívar Góngora
Institución educativa: Fundación Universitaria San Martín (Sede Zipaquirá)
Ciudad: Zipaquirá
Cuento: El Anfiteatro
El Anfiteatro es la historia de un hombre que no se conforma, que está siempre dispuesto a cambiar la realidad y fabricar mundos mejores, intentando ser protagonista y no espectador de su propio futuro latinoamericano.
Estaba sentado en el centro de la primera fila del Teatro Nacional, justo frente al escenario. En el fondo, no sabía si prefería estar ahí rompiendo bruscamente su ritmo cotidiano, o si resultaría más provechoso sentarse en el pasto, bajo los álamos del parque, a contemplar sensiblemente la caída del sol en el horizonte, esa lastimosa y rutinaria pérdida. Pero no, ésta vez no iba a permitir que la vida se le siguiera escapando miserablemente entre los ensayos teatrales, la redacción de algunos guiones, los cigarrillos pisoteados, las lágrimas y las mujeres.
Autor: Diego Alejandro Bolívar Góngora
Diego Alejandro Bolívar se niega a agachar la cabeza, a "entregarse al sistema". Ese, dice, es su pasatiempo. Este joven de 22 años estudiante de la Fundación Universitaria San Martín y ganador del Concurso Nacional de Cuento del Ministerio de Educación Nacional y RCN se describe como un soñador imparable que con su cuento quiso "hacer un homenaje al anonimato, como una forma de invitar al Latinoamericano del siglo XXI a creer en sí mismo, a no traicionarse, a reafirmarse como ser humano dentro de una realidad que lo hipnotiza con la entretención y el consumismo".
Cuenta el escritor que un día en que estaba solo presenciando una obra de teatro observó a los actores y se le ocurrió la idea del cuento como una secreta posibilidad de subvertir la penosa realidad del abandono del arte. La idea se mezcló entonces con el sentimiento de que el mundo aún no ha terminado, de que aún no se han cerrado los debates, de que la historia se sigue escribiendo día a día y que dentro de este mundo tan relativo y crítico, lo mejor que puede hacer el ser humano es creer en sí mismo y actuar cada vez que sienta necesario transformar el presente.
Ese día de agosto del 2007, escribió un breve bosquejo que de inmediato dejó olvidado y casi un año después, en junio del 2008, terminó en una tarde frente al computador.
Desde la primera versión del Concurso Nacional de Cuento, Diego Alejandro quería enviar una historia, pero sentía que aún no tenía algo digno de ser presentado ante lectores y jurados así que decidió que cuando tuviese algún cuento con el que se sintiera más identificado y satisfecho lo enviaría; así sucedió, a mediados de abril del 2009 envió su cuento al Concurso.
Dice que escribe por pasión, no por encargo. "Escribo con frescura, fatalidad y deleite sin que sea por obligación ni sobre un tema específico, desde los trece años cuando cursaba noveno de bachillerato".
Además, afirma que no se imaginó que pudiera resultar ganador en el concurso. "Mi primer objetivo era lograr estar entre los finalistas, eso ya era demasiado. Aunque estaba seguro de mi escrito, porque sabía que me había exigido mucho y que el cuento que estaba enviando era el resultado de un trabajo literario autodidacta de muchos años, no pensaba que fuera a ser uno de los ganadores".
Recuerda con un tono jocoso el momento mismo de la inscripción del cuento. "El día que inscribí el cuento y anoté mi código de inscripción (14.471) en una versión impresa del cuento, miré por la ventana y dije: "Misión imposible". El día que me llamaron a decirme que era uno de los ganadores dije: "Misión cumplida", sin vanidad, sin arrogancia, simplemente asumiéndolo como una recompensa muy hermosa al arduo y solitario trabajo de muchos años y hojas".
Este amante del cine, la guitarra y el ajedrez dice que no está dispuesto a ser un ciudadano más con un salario y un título universitario, convertido en un anónimo más de este mundo que ahora pretenden convertir en una sola patria que hable el mismo idioma, que piense y sienta lo mismo, que ame las mismas realidades, que se destruya por el dinero y se rehúse a cualquier atisbo de sueño, a cualquier romanticismo y a la más urgente revolución.
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