|
Bogotá D.C., 18 de abril de 2008 –Agencia de Noticias UN– La explotación comercial indiscriminada es la principal amenaza que sufre el cangrejo de agua dulce en los alrededores de lagunas o embalses de la sabana de Bogotá. Así lo señala una investigación del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá.
Según la experta en crustáceos, Martha Rocha, en Colombia los cangrejos de agua dulce están representados por dos familias: la Trichodactylidae, habitante de tierras bajas, con altitud inferior a los 100 metros sobre el nivel del mar, y la familia Pseudothelphusidae, que tiene una distribución que va desde el nivel del mar hasta los 3000 metros.
La profesora Rocha, desde hace más de 15 años, estudia los cangrejos y su función en los ecosistemas: "aceleran el proceso de descomposición de materia orgánica, con lo que contribuyen a la limpieza de las aguas. Además, su presencia es un indicador del grado de conservación del ambiente natural". Por eso, ha comprobado que la especie Neostrengeria macropa o cangrejo sabanero, está altamente amenazada.
Desde que a algunos se les ocurrió revivir su sexualidad a punta de brebajes, ahora es más fácil encontrar al cangrejo sabanero en cualquier plaza de mercado nadando entre jugo de limón, cebolla, ajo y camarones, en los "afrodisíacos" cebiches, que recorriendo los manantiales y zonas aledañas a las quebradas de Tabio, Sopó, Gachancipá, Cogua, Fúquene, Sesquilé o Suesca, entre otras zonas aledañas a la capital.
Lo que poco advierten quienes confían su virilidad a tales menjurjes, es que cuando ingieren cangrejo crudo o mal cocido se exponen a adquirir una infección pulmonar, similar a la tuberculosis. El contagio lo ocasiona el parásito Paragonimus sp, un trematodo que parasita al cangrejo y se transmite al ser humano cuando éste lo consume sin cocinar.
Así, la posibilidad de ver cangrejos de agua dulce lejos de su ambiente natural se amplía en los restaurantes bogotanos, donde adornan suculentas paellas y sopas, o en las tiendas de mascotas de Chapinero, que los venden para adornar los acuarios.
Toda una explotación comercial que inicia con una pesca indiscriminada. En las redes de los campesinos y pescadores que viven cerca de los embalses caen sin distinción especímenes adultos, juveniles y hembras ovadas. Así, una sola familia recoge semanalmente cerca de 1800 cangrejos, que luego vende por docenas, a mil pesos cada una.
Este comercio del cangrejo sabanero, endémico de los altiplanos de Ubaté y Bogotá, aunado a la tala de bosques de alta montaña que habita y a la contaminación de las industrias de curtiembres que vierten residuos químicos a los acuíferos,"está influyendo en la reducción drástica de las poblaciones de la especie", asegura la investigadora de la UN.
Cangrejos de agua dulce,un bocado con amenaza de extinción, noticias, Universidad Nacional de Colombia, abril 2008 |