Origen de Publicacion: Nacional
Origen de la Noticia: Córdoba

Condicion de la Noticia: Alerta
Medio que Publica:EL ESPECTADOR
Tema Estrategico: Uso de las transferencias20Utilización de infraestructura y dotación20Sector educativo
UN PUEBLO DE CINCO CONGRESISTAS

Página 5ª
Política

En Sahagún, Córdoba, todavía no saben si el tener a cinco congresistas nacidos en su suelo es una bendición o una maldición de Dios. Al igual que el reloj de la iglesia, que desde hace meses marca la misma hora: un cuarto para las seis, allí parece haberse detenido también el reloj del desarrollo: el agua llega cada dos o tres días por unas pocas horas y la única manera de tenerla en casa es en aljibes; el alcantarillado ya no da abasto para los casi 60 mil habitantes del casco urbano; no hay centros comerciales, ni grandes almacenes de cadena, ni grandes empresas, ni sedes universitarias. Tampoco salas de cine, cuerpo de bomberos, centros de recreación y en sus calles ni siquiera se ven limosneros, para algunos señal inequívoca de abundancia.

En San Juan de Sahagún, nombre completo con el que fue fundado el 7 de diciembre de 1775 por el oficial español Antonio de la Torre y Miranda, nacieron los actuales senadores Mario Salomón Náder, Reginaldo Montes y Miguel Alfonso de la Espriella, al igual que los representantes a la Cámara Bernardo Elías Vidal y Musa Besaile Fayad, nombres a los que habría que agregar los del actual secretario general del Congreso, Emilio Otero, un puesto igual o incluso más influyente que el de legislador, además de uno que otro secretario de comisión en Senado y Cámara y otros tantos sahagunenses ilustres colocados hoy en diferentes puestos públicos desde Bogotá hasta Montería, y más allá.

Así es, Sahagún parece estar destinado eternamente a parir políticos, tanto que en esa ‘mamadera de gallo’ habitual de los costeños, se dice que el primer regalo que reciben los niños sahagunenses en su bautizo es una copia del reglamento interno del Congreso. De hecho, no es la primera vez que el pueblo cuenta con cinco congresistas. En la década pasada hubo un momento en el que tuvo a Salomón Náder Náder (ex vice presidente del Senado y padre de Mario Salomón), Jorge Elías Náder (ex presidente del Congreso, ex gobernador de Córdoba y tío de Bernardo Elías Vidal), Otto Bula y los mismos Montes y De la Espriella.

Por eso, no es extraño encontrar que los congresistas de hoy son hijos, o nietos, o sobrinos, o primos de otros que en algún momento también fueron legisladores, ministros o estuvieron al servicio del Estado. Casi todos descendientes de familias que llegaron del Oriente Medio —"turcos", como acostumbra decirles el común de la gente— a colonizar las sabanas del antiguo gran Bolívar y además de tierras fértiles para la cría de ganado y la siembra de algodón, arroz, maíz, ñame y yuca, encontraron también suelo propicio para los asuntos del manejo del Estado.

Sin embargo, pese a que en Sahagún la política se vive con pasión y en las épocas de campaña electoral el pueblo se convierte en un hervidero, su gente no se siente orgullosa de tanta representación y mucho menos de tanto ‘padre de la Patria’. "Para tener cinco congresistas, estamos muy atrasados. La única señal de progreso que se ha visto últimamente es que ya atracan", dice una empleada de la Alcaldía, que como en la mayoría de pueblos del Caribe y de Colombia, es la principal fuente de trabajo. Los sahagunenses parecen haberse cansado de tanta promesa incumplida. "En campaña todos dicen que nos van a poner el agua y como por aquí no hay un río cerca, que hasta nos hacen el río", agrega, medio en serio y medio en broma.

¿Capital cultural?

La inconformidad se palpa en las calles, algunas llenas de polvo y sin pavimentar, clara muestra del olvido de quienes prueban las mieles del poder en Bogotá. "Es como si no tuviéramos a nadie", asegura Élber Julio Cruz, un ex empleado del área cultural de la Secretaría de Educación Municipal, testigo en su momento de cómo se manejan las cosas políticamente en Sahagún. En 1997, durante la administración del alcalde Ramón Buelvas y gracias a la gestión de Jorge Elías Náder, se consiguieron $500 millones para levantar, en un lote de dos hectáreas y media, un complejo cultural, con biblioteca, auditorio y concha acústica.

La obra nunca se terminó y hoy es una construcción de dos pisos carcomidos por el deterioro, donde sólo funciona una precaria biblioteca pública, mientras la concha acústica, que esperaba acoger los festivales de acordeones y los encuentros de cuenteros, tan comunes en la llamada "capital cultural de Córdoba", se ha convertido en albergue de vacas. "Esto es un patrimonio del municipio, pero nadie se acuerda de ella…", dice desconsolado Gonzalo Anaya, encargado de lo que todos llaman "Casa de la Cultura" aunque sólo sea un arrume de libros a medio organizar, visitados por chiquillos buscando cumplir con sus deberes escolares.

Hasta hubo una vez en que Sahagún fue bendecida por la donación de una biblioteca de parte del gobierno del Japón. Lo único que tenía que hacer el municipio era conseguir el sitio para su construcción. Pero cuando la Alcaldía le solicitó al Concejo aprobar mediante acta el cambio de destinación de un lote comprado para hacer un polideportivo, los ediles sentenciaron: "Y si ya hay una biblioteca, ¿para qué dos?". Al final, no hubo ni nueva biblioteca ni polideportivo.

La gran cantidad de mototaxistas que transitan raudos por el pueblo, con improvisados turbantes en la cabeza para protegerse del implacable sol, son el testimonio vivo del desempleo. Además de la Alcaldía, las otras únicas fuentes de trabajo las constituyen el magisterio y las arroceras Sahagún y Palmira, esta última propiedad de la familia Besaile Fayad. Unos pocos trabajan en las fincas ganaderas de los alrededores y muchos se defienden con el comercio, sobre todo trayendo ropa de Itagüí.

La zona norte de Sahagún, a lo largo de la que es conocida como la Avenida del Hospital, es testigo de la gran cantidad de nuevos negocios, muchos de ellos montados por paisas en busca de la fortuna que no pudieron encontrar en su tierra. Y ante la crisis del agua, hay quienes se rebuscan vendiendo agua en bicicletas acondicionadas para transportar galones de agua (‘tambucos’ o ‘pimpinas’ les dicen), supuestamente purificada pero que deja muchas dudas por su precio: $2.500 los 12 galones.

La Troncal de Occidente atraviesa el pueblo de sur a norte imprimiéndole un halo de vida. Ubicado entre Sincelejo y Medellín, en el corregimiento de La Ye, el de la canción que hizo famosa Lisandro Meza: El guayabo de La Ye, la carretera se bifurca para comunicarse también con Montería. Cuentan que el trazado original de la gran vía no incluía a Sahagún, pero que el entonces secretario de Obras Públicas de Bolívar (el departamento de Córdoba todavía no existía), quien vivía en Cartagena, hizo cambiar la trayectoria para poder ir a visitar a una novia que tenía en el pueblo.

Entre dos bandos

En un costado del parque principal, en la esquina donde está ubicado el único semáforo del pueblo, la casa de la familia Elías Náder contrasta con las de bahareque y techo de paja a su lado. Lo mismo ocurre con las de Reginaldo Montes, Ñoño Elías, como le dicen al representante Bernardo Elías Vidal, y Musa Besaile, quienes tienen a sus familias en el pueblo y cada semana van de visita. Entonces es común ver una aglomeración de gente frente a sus residencias, sahagunenses esperanzados en que les solucionen algún problema personal, por lo general falta de trabajo o de dinero, o hasta para que intercedan ante un profesor porque el hijo perdió un examen en el colegio.

En época electoral, la disputa por los votos divide al pueblo en dos bandos, al menos en lo que tiene que ver con los representantes a la Cámara: Elías y Besaile. Entonces todo se vale y la lucha política destapa las más bajas artimañas: cuentan que dos señoras que durante 70 años fueron vecinas entrañables, se pelearon irreconciliablemente cuando una de ellas decidió pegar en la pared de su casa el afiche de campaña de un candidato que la otra no seguía. Y dicen también que todavía andan por allí los anónimos que durante la campaña del año pasado circularon clandestinamente por todo el pueblo y en los que, con lujo de detalles, se describen los supuestos "torcidos" de uno u otro candidato y hasta las peripecias sexuales de sus familiares.

"Este es un pueblo politiquero y aquí la política lo mueve todo. En campaña, la gente vive pegada para que le compren el voto. Dicen que una campaña para alcaldía aquí vale lo mismo que una para alcalde de Bogotá y que un concejal no se elige con menos de $80 millones", cuenta otro empleado de la Alcaldía, pidiendo el anonimato ante el temor de perder su puesto, conseguido, claro, con palanca política.

La disputa entre los dos representantes a la Cámara se traslada también a la puja por la Alcaldía. El actual alcalde, Pedro Otero Assad, es del grupo político de Musa Besaile y del senador liberal Juan Manuel López Cabrales. Los candidatos para sucederlo son otro claro ejemplo de la herencia política de Sahagún: Ghassan Náder Name, Edwin Besaile y Roberto José Buelvas Náder.

En plena zona de influencia paramilitar, en Sahagún dicen no haber percibido nunca esa presencia intimidante. "De que los hay, los hay, pero no se sienten", murmura uno de los tantos mototaxistas. Sin embargo, en cuestiones de seguridad, hay códigos que son inviolables: "el que se robe una vaca o compre ganado robado, está firmando su sentencia de muerte". Y aunque en un pasado cercano los sahagunenses presumieron por ser el cuarto municipio más seguro de Córdoba, hoy la realidad de la violencia comienza a avasallarlos con los robos de motos, las extorsiones, los secuestros y los homicidios. Las cosas han cambiado tanto que ya ha comenzado a replantearse la necesidad de volver a tener una cárcel, después de que hace pocos años se cerrara el centro de reclusión que existía.

"En Córdoba todos somos uribistas", dice un graffiti a la entrada del pueblo, aunque la inconformidad parece estar tocando ya la imagen presidencial. A pesar de los problemas, los sahagunenses siguen siendo alegres, amables y dicharacheros. En la Alcaldía dicen que se hace lo que se puede: en próximos meses se inauguran la terminal de transporte y varios centros de salud. Sahagún maneja un presupuesto anual de $42 mil millones, más otros $300 que llegan trimestralmente por cuenta de las regalías del gas. Mientras tanto, como un rito, la gente saca en las noches sus sillas mecedoras a los atrios de las casas para paliar el bochorno mientras dice: "Deberíamos estar mejor".

 

UN PUEBLO DE CINCO CONGRESISTAS; Sahagún, Córdoba; Obra; Bibliotecas; Deterioro.