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MARIO DANIEL, NIÑO GENIO DE LA QUÍMICA

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Educación

Con sólo once años ya está en la U
La más reciente prueba de coeficiente intelectual de Mario Daniel ascendía a 156, bastante alejada del promedio habitual que está entre 80 y 110.

Por TATIANA VELÁSQUEZ
Cartagena
Mario Daniel Ojeda Cuello tiene once años y no asiste al colegio. Sin embargo, no es un niño analfabeta. Él es capaz de hacer un breve recuento sobre los principales hechos de la Segunda Guerra Mundial y resolver complejos problemas de trigonometría y álgebra.

A un mes de completar sus primeras doce primaveras, este chiquillo se codea con jóvenes y adultos en la Universidad de Cartagena. Sí, aunque parezca poco creíble, él no asiste a una escuela para terminar la primaria o para iniciar la secundaria porque ya ha ingresado a la U: desde el 1º de febrero cursa primer semestre de Ingeniería Química en la capital de Bolívar.

Mario Daniel es un niño excepcional. De acuerdo con la Biblioteca Virtual de Salud, se califica así a "quienes tienen necesidades, habilidades u otras características diferentes a la media en las áreas mental, física y social". Asimismo, este tipo de personas necesitan un nivel de servicios mayor que el usual para facilitar su desarrollo potencial máximo.

SUS PRIMEROS CHISPAZOS
Desde los 18 meses, cuando ingresó al colegio, en San Marco, Sucre, sus maestros comenzaron a detectar en él esas habilidades que siempre lo hacían sobresalir entre sus compañeros de clase.

Al cumplir cuatro años ya cursaba primer grado de primaria, y la historia una vez más se repetía. En esta ocasión, una profesora le sugería a Sofía Cuello y a Mario Ojeda, sus padres, someterlo a valoraciones con especialistas para saber qué tan excepcional era su inteligencia y trazar así estrategias que permitieran manejar de la mejor forma la situación.

"Fuimos a Medellín y contactamos a una psicóloga especializada en este tipo de casos. Le hizo una serie de pruebas y resultó siendo un niño excepcional. Desde entonces nosotros estamos en constante comunicación con ella para saber cómo tratarlo, porque mentalmente tiene más años", menciona la madre. Ella habla de él con mucho orgullo. Desde siempre, junto con su esposo, le ha alimentado el interés por los libros.

"La psicóloga nos recomendó que si él tenía muchas ganas de aprender, debíamos apoyarlo. Una vez, me pedió que le leyera porque estaba tan interesado que no podía hacerlo tan rápido como él quería. Fueron como dos semanas en las que le leí durante horas y horas mientras estaba sentada en una mecedora y él paradito a mi lado escuchándome", recuerda Sofía. Mario Daniel, sentado frente a su computador, la mira y ríe algo ruborizado.

Cuando los exámenes científicos demostraron la excepcionalidad de su hijo, Sofía sencillamente no lo podía creer. "Es que uno piensa que esas cosas sólo se ven en las películas y que no son tan reales", dice ahora entre risas.

Cuando Mario Daniel cumplió cinco años y seis meses, ya lo habían promovido de primer a segundo grado. A los maestros les pareció que debía ser promovido nuevamente y le aplicaron varios exámenes para saber si en tercer año estaría bien, pero la sorpresa fue mayúscula cuando encontraron que estaba apto para cursar cuarto grado.

CON BIBERON A LA SECUNDARIA
A los siete años ya había iniciado la secundaria. La convivencia con sus compañeros de aula, ahora en una nueva escuela, no fue fácil. Estaba rodeado de adolescentes que le llevaban hasta siete años de edad. Sin embargo, sacó adelante los cinco de los seis años de bachillerato que cursó, porque también fue promovido de sexto a séptimo grado. Mario Daniel logró titularse como bachiller a los once años, lo que lo convirtió en uno de los más jóvenes bachilleres y universitarios del país.

El chico se define como una persona normal. "Juego y tengo los gustos propios de alguien de mi edad. Soy capaz de hablar tanto con gente más grande que yo como con los de mi edad", responde intentando hacerle entender a quienes lo escuchan que su inteligencia no choca con el desarrollo de su niñez.

Cuando le hicieron las pruebas aptitudinales en el colegio para saber qué podría estudiar, sus padres sabían que lo de él era alguna ingeniería, porque siempre le había interesado la química, así como el cálculo, el álgebra y la física.

Presentó exámenes de admisión en las universidades Nacional, Tecnológica de Bolívar y de Cartagena. Pasó las pruebas, pero finalmente su familia se decidió por esta última alma máter.

Seguir apoyando al menor en su proceso evolutivo es ahora más complicado para estos padres porque debieron dejar las comodidades con las que vivían en el municipio sucreño para estar ahora en una ciudad ajena a sus vidas y mucho más costosa. "Nos mudamos en enero y aunque no estamos tan mal económicamente debo decir que no ha sido fácil. No hemos recibido apoyo del Estado y debíamos haberlo recibido porque niños como mi hijo son muy valiosos para nuestro país", manifiesta Sofía. En San Marco ella ejercía la medicina en dos centros asistenciales, ahora en Cartagena debe estar al pendiente de la nueva casa y de su hijo en la universidad. El papá de Mario Daniel es Concejal y no puede dejar abandonado su cargo en el Municipio.

LA MAMA LO LLEVA A LA U
Al igual que en el colegio, Sofía lleva a su hijo a la U y al mediodía lo recoge. No ha sentido temor por dejarlo en la institución, aunque está consciente que el ambiente en el que ahora su hijo se desenvuelve es muy denso . Ella confía en que todo saldrá bien. El menor se muestra tranquilo. "Es algo nuevo para mí, pero no he tenido problema porque todos me han acogido bien. Aquí en la universidad depende más el trabajo de mí que del profesor. Lentamente me voy acomodando hasta que ya me acostumbre al ambiente de ciudad".

Mario Daniel ya tiene amigos: un chico de 20 años y otro más de 17. Hasta ahora le ha ido bien en los exámenes y se está familiarizando con las notas, los horarios y el ambiente propio del alma máter. Él ya tiene claro cuál puede ser su radio de acción tan pronto egrese de la universidad. Por lo pronto, continúa divirtiéndose con sus videojuegos, escuchando música y jugando fútbol.

Niño genio