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ANDREAS KLAUS REINHOLD SCHLEICHER (*)
La importancia de compararse globalmente

Estoy encantado de compartir con ustedes las experiencias internacionales en el campo de la valoración y la evaluación comparativa de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD). Nuestras creencias acerca de cómo deben ser las cosas están centradas en la educación. Pero, ¿qué saben realmente los padres sobre el aprendizaje de los estudiantes y cómo aprenden? ¿Cómo se beneficia un docente de la experiencia de otro que está en el aula vecina? ¿Cómo aprenden los colegios unos de otros? ¿Qué tan lejos podría llegar nuestro sistema de educación si pudiéramos usar juntos el potencial y el poder de la enseñanza?

Las comparaciones revelan diferencias en calidad, equidad y eficiencia en los sistemas educativos, y desde una perspectiva internacional ofrecen referencias para interpretar los resultados nacionales. Los lectores estarán familiarizados con el dilema que surge cuando un mayor porcentaje de estudiantes obtiene un grado alto en los exámenes nacionales: algunos dirán que el sistema educativo ha mejorado; otros, que los estándares han bajado. Además, detrás de la interpretación de que mejores resultados reflejan una baja en los estándares está la creencia de que el rendimiento en educación no puede mejorar.

Evaluaciones internacionales como el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA) muestran que algunos países lo hacen mejor que otros, y ofrecen evidencias convincentes de que es posible mejorar los resultados educativos. Las comparaciones internacionales brindan la oportunidad de identificar fortalezas y debilidades y, mirando a otros, pensar en la manera de optimizar el sistema educativo actual y que ello se refleje en la transformación de los modelos.

En un mundo de cambios rápidos, las comparaciones internacionales son cruciales para el avance en evaluación, ya que ser mejores no es suficiente cuando el ritmo del cambio es más rápido. Haberlo hecho bien el año anterior no es suficiente. Los sistemas de educación necesitan mirar hacia fuera si quieren continuar siendo competitivos.

PISA es la valoración internacional más exhaustiva en cuanto a cobertura geográfica y económica; comprende los países en donde se genera nueve décimos de la producción mundial. Por tanto, si la educación va mal en esos países, tenemos un problema global. Asimismo, abarca un amplio rango de temas, pone a los estudiantes en situaciones reales de la vida y no se reduce al test típico de selección múltiple.

En términos de evaluación no debe mirarse únicamente qué aprendieron los estudiantes y qué pensaron, sino cómo pueden utilizar lo que aprendieron, en situaciones nuevas. En la evaluación PISA las tareas comienzan con problemas de la vida real: los estudiantes tienen que trasladar a la situación el conocimiento que han adquirido, por ejemplo en matemáticas, de manera que se vea la relevancia de aplicar ese conocimiento en la resolución del problema. Muchos estudiantes lo pueden hacer y muchos otros tienen dificultades.

En la distribución de los resultados por países, PISA tiene en cuenta aspectos del entorno como el nivel social y su impacto en los logros de los estudiantes; la distribución de las oportunidades de educación y el potencial de los niños en relación con dichas oportunidades. Es inaceptable que los resultados sean bajos y las oportunidades estén repartidas de manera inequitativa.

Las comparaciones han permitido analizar la relación entre calidad y equidad, haciendo la observación de que es posible que las instituciones educativas logren ambas. Colegios privilegiados pueden tener resultados pobres e instituciones con dificultades lo pueden estar haciendo bien. No siempre en los colegios con resultados bajos hay una relación con el origen de las familias. Podríamos estar tentados a concluir que es inevitable relacionar las características sociales y los sistemas escolares; sin embargo, las cosas no siempre se dan de esta manera. Las variaciones en el colegio y entre colegios es otra de las comparaciones. En algunos casos, los resultados de los estudiantes no tienen relación con el colegio. En otros, las diferencias cualitativas son visibles.

Queda la pregunta de si se puede ayudar a los estudiantes a aprender mejor, a los docentes a enseñar mejor y a los colegios a ser más efectivos, a partir de los resultados de la evaluación. Pueden identificarse factores significativos, que se vuelven características "universales" para mantener la buena calidad del aprendizaje escolar, clave de la función de la evaluación moderna con el fin de aportar al mejoramiento.

Creemos con frecuencia que el dinero ofrece las respuestas a todos los problemas, y es verdad que hay una relación positiva entre gastar en educación y buenos resultados. El punto es que algunos países hacen mucho más en términos de calidad- costo, que otros que gastan más.

PISA sugiere que los estudiantes y los colegios con tendencia a lograr mejores resultados son aquellos en donde se trabaja en un ambiente caracterizado por altas expectativas en cuanto a los resultados y con disposición a esforzarse, que impulsa el gusto por aprender, la buena relación maestro-alumno y que tiene docentes con una alta moral. Asimismo, con metas claras y ambiciosas para los estudiantes, facilidades y apoyo a los docentes para una mejor práctica y desarrollo profesional con el fin de ampliar sus estrategias pedagógicas para personalizar el aprendizaje de los estudiantes, adopción de acercamientos innovadores en programas y aumento efectivo de docentes de acuerdo con las necesidades.

Muchos países con resultados altos en las pruebas ofrecen una formulación clara de las metas y fines de la educación en la práctica, y enfatizan en la creación de "riqueza de conocimiento". Un sistema educativo en el que los docentes y los directivos actúan como pares y tienen autoridad para hacerlo, dan la información necesaria y acceden a sistemas de apoyo efectivo para la implementación del cambio.

Es considerable el debate sobre cómo la claridad de los objetivos y los contenidos pedagógicos y su relación con los estándares pueden ayudar a elevar las aspiraciones educativas, al ofrecer a los docentes un marco de referencia para la comprensión que propicie el aprendizaje de los estudiantes.

La toma de decisiones debe estar en manos de los colegios para que sean dueños de su desarrollo educativo, y se les debe exigir una rendición de cuentas inteligente. Rendir cuentas ayuda a construir capacidad y confianza en caminos que enfaticen la importancia de la evaluación formativa y del rol que desempeña la autoevaluación escolar.

Al comparar equidad y resultados, se observa que los países que van bien son autónomos en la adaptación e implementación de los contenidos y en la administración de sus recursos. Tienen colegios que han llegado a acuerdos constructivos, que acogen la diversidad de intereses de sus estudiantes, de sus capacidades y contextos socioeconómicos. En ellos no existe la opción de repetir año escolar o de ser transferido a instituciones con exigencias inferiores, situación frecuente en países de bajos resultados donde docentes y directivos creen que hacen bien las cosas, pero que es el estudiante quien falla.

Adoptar heterogeneidad y aprendizaje individual son retos que dependen de buenos sistemas de ayuda y del desarrollo profesional de los maestros. Los resultados indican que hay países que comprenden la necesidad de contar con un sistema que dé muchas oportunidades de aprendizaje individual, en el que se mezclen estudiantes con intereses y entornos heterogéneos.

Promocionar altos niveles de logro y una distribución equitativa de oportunidades de aprendizaje son los mayores retos de la política y de la práctica educativa. Esto puede orientarse con el análisis de los resultados de aquellos que lo hicieron mejor en la prueba PISA. Además, esto puede dar pistas para apalancar políticas que involucren y permitan adaptar reformas de acuerdo con las necesidades.

Todavía estamos lejos de un ideal. Podemos comparar los sistemas escolares de hoy con un silo de alimentos en el que cada nuevo gobierno pone una nueva idea de reforma encima, y al cabo de 10 o 15 años de capas de reformas incoherentes e inconclusas -este es el tiempo que toma su implementación-, estudiantes, docentes e instituciones están enfrentados a una mezcla de directrices que nadie entiende y de las que nadie se siente responsable.

El reto de los sistemas educativos modernos es hacer de la educación una profesión con un rico conocimiento, que se pueda utilizar de manera inteligente al combinar el manejo del nivel central con el juicio del profesional en su labor. Para los sistemas de educación es difícil que docentes y colegios compartan, unan e implementen sus desarrollos y conocimientos acerca del trabajo y los logros.

Las políticas de "ensayo y error" han sido cambiadas por las de fijar altos estándares universales; se ha pasado de la uniformidad del sistema a la diversidad; de un enfoque recibido a otro elegido, de una aproximación burocrática a una educación que desarrolla responsabilidades y permite resultados lógicos con base en la equidad para dar equidad.

Comparaciones internacionales muestran que combinar calidad con equidad es una meta posible, y que puede ser atendida en períodos de tiempo razonables. Estamos muy contentos de que Colombia haya unido fuerzas con la OECD para comparar sus resultados con los principales países industrializados del mundo. Algunos de los resultados pueden suponer retos significativos; verlos es el primer paso para afrontarlos.

(*) Director de la División de Indicadores y Análisis, Dirección de Educación, de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) y gerente del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA). Original enviado desde Alemania y adaptado por Helena Saavedra A.

La importancia de compararse globalmente, al tablero no.44
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Altablero No. 44, ENERO-MARZO 2008
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